Como parte de su perfil político, en 1960 se dijo que Kennedy hacía historia por ser el primer presidente católico en el país del protestantismo; en su gestión violó los fundamentos de la religión e inició la guerra en Vietnam y ordenó a la CIA invadir Cuba. En el 2008 se enfatizó que Obama hacía historia por ser el primer presidente afroamericano; como mandatario, Obama nunca se preocupó por los pobres ni los negros y gobernó para las corporaciones de Wall Street.
Ahora se dice que Hillary Clinton hace historia al ser la primer mujer candidata a la presidencia de la nación y podría ser la primera mujer que gobierne el país más poderoso del mundo, pero desde ahora se sabe que no fue elegida candidata demócrata por su condición de mujer ni por su inexistente agenda de género sino por representar al establishment de los intereses geopolíticos y financieros del imperio. A lo largo de su carrera hacia la Casa Blanca, Hillary no ofreció ninguna iniciativa a favor de las mujeres.
Cuando en plena campaña presidencial en 1992 se reveló que Bill Clinton había acosado sexualmente a varias mujeres, Hillary desdeñó la solidaridad de género y apareció junto a su marido para señalar que esa denuncia --que era real, existente-- era una conspiración de la ultraderecha. Y cuando estalló el escándalo de Mónica Lewinsky --un hombre poderoso de cincuenta años seduciendo a una becaria de apenas veintidós años de edad--, Hillary volvió despreciar la solidaridad de género y disculpó los deslices sexuales.
De ahí que Hillary sea la candidata de un falso feminismo y en realidad la explotación de su condición de género es sólo una estratagema electoral de sus operadores de campaña, sobre todo si frente a ella tiene al troglodita --en versión del barón de Montesquieu-- y atrabancado de Donald Trump. El problema en los EE.UU. es la magnificación de circunstancias: Obama, en efecto, pudo haber hecho historia si hubiera cambiado la relación racial, pero termina sus dos periodos con asesinatos raciales entre policías y negros; por tanto, a ocho años de distancia, podría decidir que Obama pasará a la historia, pero la historia de los récords Guinness con una sola línea: “fue el primer presidente afroamericano de los EE.UU.” y nada más.
El feminismo militante o el avance social y político de las mujeres fue sin duda el dato revelador de finales del siglo XX. Pero pocas mujeres en el poder le dieron a sus respectivos gobiernos una sensibilidad de género; es decir, su tarea fue la de consolidar el poder de un establishment y no realizar acciones a favor de la mujer que representa la mitad de la población mundial. En cambio, en literatura si hubo mujeres que modificaron la perspectiva literaria y social de la mujer. ¿Podrá Hillary emular el ejemplo de Simone de Beauvoir, quien por cierto hizo a aparecer a Sartre como un macho típico? ¿O a Virginia Woolf? En realidad Hillary nada tiene que ver con El segundo sexo o con Una habitación aparte.
El poder es… masculino. Por tanto, las relaciones de las mujeres con el poder es una reproducción de roles sociales. Ha habido muchas mujeres gobernantes como para sorprenderse que en los EE.UU. una mujer haya escalado posiciones de poder rumbo a la presidencia de la nación. Lo que debe precisarse es la posibilidad corta o remota de que en el poder una mujer ofrezca el cambio sustancial en política: la conceptualización del poder desde la femineidad. La dialéctica está implícita en la relación la política-el poder. El día en que las mujeres gobiernen como mujeres, las posibilidades de una política con ética --el ideal aristotélico de hace dos mil seiscientos años-- podría acercarse a la realidad.
Hillary llegó a la candidatura como una pieza del establishment del complejo militar-industrial-financiero del imperio. Como senadora por Nueva York votó a favor de las leyes patriotas de George W. Bush y como secretaria de Estado también avaló la decisión de Obama, un presidente que había sido profesor de derecho constitucional en Harvard, de implementar un impresionante programa de espionaje contra la población civil y medidas intimidatorias más que efectivas en la seguridad en los aeropuertos, todas ellas contrarias a los derechos constitucionales.
Además Hillary llega con expedientes judiciales abiertos: el asunto de los correos electrónicos como indagación del FBI por usar servidores públicos que permitieron que Rusia los kackeara fue contenido por una reunión privada de Bill Clinton con la procuradora en un aeropuerto privado en Arizona. Asimismo, el fracaso de Hillary en el manejo del expediente de Libia que careció de un enfoque estratégico regional y que terminó con el asesinato del embajador estadunidense y el caos en la región. También la forma en que ilegalmente el Partido Demócrata hizo campaña contra Bernie Sanders para beneficiar a Hillary. Y las revelaciones de corrupción en el manejo de fondos en la fundación Clinton.
La política en los EE.UU. es espectáculo, show, globos blancos y azules o rojos, discursos llenos de chistes y no de compromisos, acarreos de simpatizantes. Y sobre todo de frases hechas: ahí es donde se localiza la argumentación de que Hillary va a representar a las mujeres en la Casa Blanca, en caso de que gane, porque en ningún momento impulsó iniciativa alguna cuando fue esposa sumisa, engañada, por Bill Clinton, dejando la imagen de una mujer casada con el poder y no con su género.
La mujer es sensibilidad, ética, derechos reales, trabajo comunitario, sentido ideal de la justicia, maternidad; y ninguno de estos atributos contiene la candidatura de Hillary. De Beauvoir escribió que “no se nace mujer, se llega a serlo”, y el camino es el de la construcción de un compromiso real.Hasta ahora ninguna mujer gobernante ha logrado introducirle al poder el enfoque de la política desde la perspectiva femenina.
Hillary es candidata, puede ganar, pero los votos deben ser en función de su perspectiva de poder, no por su falso feminismo.
indicadorpolitico.mx
@carlosramirezh