Opinión

Bye, bye UK

TRIBUNA

Manuel Sánchez de Diego | Jueves 04 de agosto de 2016

Adiós Gran Bretaña e Irlanda del Norte, adiós Reino Unido (UK). El Brexit ha triunfado en las urnas y aunque solo se trata de un referéndum no vinculante, lo cierto es que la Unión Europea perderá su estado número 28 en el momento que se invoque el artículo 50 del Tratado de Lisboa. Este artículo permite que un Estado miembro pida su "retirada voluntaria unilateral" de la Unión Europea.

Es curioso cómo cada estado negoció mejor o peor su incorporación a la Unión Europea. Para España era una cuestión vital estar en Europa, por eso nuestra entrada en el club europeo fue más bien un abrazo sin reservas, incluyendo la OTAN. Otros como “el pueblo de tenderos” esperaron doce años (1961-1973) pero lo hicieron de forma más beneficiosa. Esas condiciones y el efecto positivo de estar en Europa, no han impedido el voto sentimental y nacionalista contra Europa.

Por mucho que ahora algunos se lamenten del resultado del referéndum del pasado 23 de junio de 2016, el 51,9% votó a favor de abandonar la Unión Europea frente al 48,1%. Estos resultados son más contundentes en Inglaterra y Gales, mientras que Escocia e Irlanda del Norte votaron a favor de mantenerse en Europa. Acabo de estar en una de esas islas pro europeas, pues Leicester votó el 51,8% a favor de permanecer, mientras que en todo Midlands East el 58,8% prefirió abandonar Europa. Allí se respira preocupación, pero todo sigue igual. Eso sí, más barato para lo que cobramos en euros. Por 100 euros nos daban 76 libras antes del Brexit, ahora nos dan 8 más, unas 84 libras. Los europeos somos más ricos en el Reino Unido y ellos más pobres para poder gastar durante sus vacaciones en España.

Alguien puede especular que realmente Gran Bretaña funcionaba “a medio gas” en la Unión Europea. Una situación peculiar: con la libra frente al euro, con el “cheque inglés”, con sus fronteras fuera del espacio Schengen o con la no aplicación de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea. Estos son datos para pensar que los británicos sólo tenían un pie en Europa y, para muchas otras cosas, seguían pensando en su Imperio.

El Reino Unido es el único de los países europeos que forma parte de los “Cinco Ojos”, selecto club del espionaje masivo a los ciudadanos del “mundo mundial” que incluye a Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y el Reino Unido. No creo que los británicos compartieran con sus socios europeos los resultados de inteligencia. Sobre todo si recordamos que los primeros ministros europeos también fueron objeto de espionaje, incluyendo a Angela Merkel. Aunque en estos temas del espionaje es mejor seguir leyendo novelas de John Le Carré para saber que lo que parece, puede no ser y; viceversa.

Es real e impresiona la celeridad como los responsables británicos han asumido los resultados del referéndum y, en menos de un mes el Primer Ministro David Cameron ha sido sustituido por Theresa May. También el Comisario Europeo británico, sir Jonathan Hill, ha dimitido. Existe una preocupación entre los funcionarios europeos de origen británico, algo más de 1.100 en la Comisión Europea, aunque la cifra se eleva a unos 2.000 si se incluyen otras instituciones europeas, pues para ser funcionario europeo es preciso ser ciudadano de un estado miembro. Aunque hay excepciones con algunos noruegos. Este será uno de los puntos a discutir, en particular el estatuto fiscal y las pensiones de los funcionarios de origen británico.

La marcha del Reino Unido de la Unión Europea se producirá después de una ardua negociación para determinar cómo quedarán las relaciones económicas, sociales y políticas. A nadie le interesa una ruptura total, pero el nerviosismo en Europa es evidente. “Si se van a ir, que lo hagan cuanto antes”, ésta parece ser la consigna de los dirigentes de países europeos, creo que más preocupados por el contagio del anti europeísmo en sus estados que por diseñar una Europa sin el Reino Unido.

“Hacer Europa” debe ser la preocupación de los europeos. Una Unión Europea más sólida, más solidaria hacia sus ciudadanos y hacia el resto del mundo. Se han hecho cosas positivas. Entre ellas me atrevo a señalar el Programa Erasmus (Sócrates) que ha permitido a la juventud moverse por Europa y sentirse europeos. No deberíamos dejar al Reino Unido fuera de ese programa.

Una Europa más homogénea, al menos en el aspecto fiscal para evitar los seudo-paraísos fiscales dentro la Unión Europea. Pero a la vez respetuosa con las naciones que conforman Europa. Más preocupada por sus ciudadanos y, menos por los grupos de interés. Pero, además debemos hacer una Europa más competitiva, eliminando aparato burocrático europeo y la sensación que solo unos pocos manejan el cotarro. Una Europa que fomente la creación y la innovación, en donde la información fluya de forma fácil para todos, con unos valores y un proyecto común. Una vieja Europa de la que estemos orgullos para confiar nuestro futuro.

Solo así, podemos esperar que el Reino Unido vuelva a solicitar su ingreso en la Unión Europea. Aunque quizás y, pocos piensan así, eso de marcharse puede ser solo un “amagar y no dar” y, finalmente después de muchos tiras y aflojas, todo se quede en un fuera, pero dentro de la Unión Europea. El Reino Unido sería el país 27 y 3/4. Algo posible en un país en donde en la estación londinense de King’s Cross ya existe una placa del andén 9 y 3/4 para que Harry Potter tome el Hogwarts Express. Realidad, ficción o solo negocio, quien sabe.

msdiego@ucm.es