TRIBUNA
Emilio Arnao | Viernes 05 de agosto de 2016
Esta España con cosquillas y parturienta, esta Celtiberia cosida y en cortocircuito, esta tierra de Castilla y alquería de los españoles, los cuales estamos siendo testigos de una democracia con corvejones y sin edad adulta, tiene en estos momentos una dificultad de tiempos y espacios, que filosóficamente ya serían el Todo, la totalidad de una España vertebrada y con gobierno, administrada y regida, sin cabriolas y ademanes feminoides. Y es que ocurre que desde el 20D aquí las cosas están como amorfas y como producto de una ventriloquía de muñecos políticos. Repetidas las elecciones generales del 26J da la impresión que ha llegado la Hora de Todos, como quería Quevedo.
Pero esa hora está con los minutos y los relojes como aplastados, tal y como si se tratara de un cuadro de Dalí. El Partido Popular debe proponerse formar gobierno. Es su obligación y el mandato erigido por ocho millones de ciudadanos celtibéricos. Pero Rajoy se ha quedado solo, en una soledad de bahías y huellas de gaviotas sobre las playas. Aquí no hay tu tía, sino que toda esta familia del parlamentarismo está más fragmentada que el maquillaje de los payasos. España va al pairo, cual barco ebrio escrito por Arthur Rimbaud. En estos momentos las negociaciones dan la impresión que con el apoyo de Ciudadanos –quien votará abstención en primera vuelta, pero que en segunda dotará de percebes al rajonismo- pueden arribar al puerto al que arribó Ulises mientras, tejiendo jerséis esperaba Penélope, después del viaje argonáutico.
En efecto, efectivamente, todo apunta que habrá gobierno entre PP y C’s, pero todo todavía no está demasiado claro. El socialismo o la socialdemocracia –que no son lo mismo: ya algún día escribiré aquí las diferencias entre ambas ideologías- de Pedro Sánchez se mantiene en su negativa, por consecuencia, si los de Rivera deciden mantenerse en la abstención, una de dos: o gobierna el PP en minoría o nos vamos a unas terceras elecciones. Yo no creo que llegamos ante tal espanto, tan negro como los dibujos de Odilon Redon, sino que el Partido Popular puede gobernar en minoría con sus 137 escaños, surtiendo de tal afrenta la imposibilidad de gobernar, pues que tendría cada ley orgánica que saliera de La Moncloa la oposición de los nacionalistas independentistas y de los socialistas más esta juventud de cortinas del quincemayismo.
Pero aquí lo que urge es sacar los presupuestos generales del Estado, arrimar con soluciones el techo de gasto, solventar en mínimos el déficit público, airear colosalmente esta deuda pública que nos ahoga, frecuentar el desempleo, acelerar una economía capitalista que Bruselas y el merkelismo nos impone, todo muy en conservador, como vemos, pero es que estamos ante una democracia del capital y del empresariado, de la Banca y los paraísos fiscales. España es una democracia que todavía tiene cosquillas cuando le rascan las axilas.
Celtiberia necesita un gobierno. Parece ser que lo vamos a tener. La soledad del Partido Popular será la que desmantele todo este orco en que nos hemos hundido, por lo que si hay LII Legislatura ésta tendrá que avenirse a tiro de decretazos, no sé yo si acertados o aceptados por los arbotantes del total del parlamentarismo de la Carrera de San Jerónimo. España es un vudú de cuerpos costaleros.
El Partido Popular ayuna en esta soledad como un vagabundo a las puertas del metropolitano. Esta soledad asombra y ensombrece, incluso asusta, pues la regiduría de Castilla no está nada clara. Habrá que hacer de los piojos joyas para que haya pactos y consensos y acuerdos y cosas entre el Gobierno y la oposición, porque de otro modo yo no veo a este país emergiendo de esta oquedad en la que está introducido. Se va a hacer muy difícil gobernar. Nunca en la historia reciente de España nos habíamos encontrado con este western. Veremos como Rajoy Brey solventa su soledad y cómo se sienta de nuevo en la butaca de la reunión de los viernes entre ministros en La Moncloa. Sáenz de Santamaría se está quedando ya sin voz. Y a España le han diagnosticado un tumor, el tumor de una democracia apolítica y sin sentido de Estado.