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Éxito de la arriesgada puesta en escena de la ópera de Janácek

"EL CASO MAKROPULOS"

Martes 17 de junio de 2008
El compositor checo está siendo en los últimos tiempos objeto de una importante profundización a nivel de los teatros de ópera europeos a los que se ha querido unir el Real. La de Janácek es, sin duda, una música interesante para descubrir por qué conserva una sorprendente modernidad.

La partitura de la ópera recién estrenada es, por ejemplo, de una tremenda exigencia interpretativa, y comienza con una breve e intensa obertura que acompaña a la perfección a las imágenes cinematográficas de las que llega a parecer su imprescindible banda sonora. Son cuatro o cinco minutos ricos en células breves que se transforman en otras y en otras más, que transcurren como una línea por encima del discurso orquestal, que unas veces es violento y otras, tan sólo dramático.


Fantasía en la trama
Su director, Paul Daniel, un gran experto en ópera del siglo XX, dirige con maestría y pasión a la orquesta titular del teatro madrileño para que nada se escape de esta música tajante y sensual, extremadamente cautivadora en el enlace de sus diversos componentes.

La nueva producción, que se representará hasta finales de este mes de junio y que es la penúltima de la presente temporada, consigue que fantasía y realismo se alimenten mutuamente para darnos una historia de un contenido poético insuperable. Si la protagonista absoluta de la trama, Emilia Marty, es una inmortal y bella mujer que lleva cautivando a quienes la rodean durante más de trescientos años, resulta evidente que hay una gran ficción que podría alejarnos de la realidad. Sin embargo, el efecto es el contrario porque en su discurso, a veces exageradamente frívolo y a veces profundamente emocional, obliga a que todos, por supuesto en primer lugar los bien caracterizados personajes interpretados por un extenso y muy correcto elenco, se vean abocados a plantearse la posibilidad de vivir para siempre.

Difícil papel el de Emilia Marty, que permanece en el escenario durante toda la representación de una hora y cuarenta minutos sin descanso, con una carga musical e interpretativa que la soberbia soprano alemana Angela Denoke, caracterizada de Marilyn Monroe o de Rita Hayworth, mitos por excelencia de la inmortalidad, ha bordado con una gran voz y una sublime entrega. Por eso, el público le ha premiado especialmente, junto con el tenor norteamericano Charles Workman, con quien ha realizado uno de los dúos de más carga dramática de toda la obra y que, quizás, ha sido el que menos estuvo acompañado por una escenografía que les sitúa en unos asépticos baños públicos.

Al final, la inmortalidad llega a ser insoportable y la belleza de este momento trágico en el que el complejo personaje de Emilia decide morir por fin, es de una altura artística insuperable y su efectividad llega a lo sobrecogedor.

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