MIRADA ESCOLÁSTICA
Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 12 de agosto de 2016
El Partido Demócrata americano, a long time ago charming donkey, ya no tiene una brizna de espíritu americano, ni hamiltoniano ni jeffersoniano; es todo él ya un partido socialdemócrata europeo. El único partido que mantiene la bandera de la libertad genuina de América es el Republicano, y ya no todo él tiene ese sabor inconfundible de la Revolución Americana. Y desde luego es el sector que apoya a ese huracán de libertad “incorrecta” llamado Donald Trump. Cuando todos los “progres” del mundo satanizan a Trump, haciéndolo el más malvado de los malos, el mal encarnado, “vomitivo” (dixit Hollande), uno recuerda a aquella traviesa tía de una obra de Jardiel Poncela que le decía a su sobrina: “Cuando todo el mundo habla mal de ese hombre, es casi seguro que ese hombre es una buena persona” .Sin llegar a ese pesimismo maximalista de Jardiel sobre el mundo, uno ve, si embargo, cierta verdad en esa aseveración cuando un mundo en exceso frívolo y muelle, con inconfesables intereses los lobbies americanos, además, repudia la intransigencia moral y la coherencia ideológica. El histerismo opositor del “sistema” americano contra Trump es tan desmesurado que se hace sospechoso.
Bendito sea el país en donde la libertad fundamenta el poder político y aquélla libertad no es una graciosa concesión de éste. Bendito sea el país en donde no existen incorrecciones políticas, sino sólo opiniones minoritarias. Bendito sea el país en donde aún no se ha instalado la servidumbre europea de lo políticamente correcto, que bloquea el instinto de supervivencia y hebeta por completo a sus ciudadanos. Ese país son los EEUU y la única esperanza que tenemos los ciudadanos del mundo que amamos la libertad es que mantenga su morfología política con el triunfo de ese gran americano genuino que es Donald Trump. The Crooked Hillary sólo puede hacer que EEUU llegue a ser una triste prolongación de esta vieja decrépita suicida que es Europa, una América de alcanfor atada por sus secretos (11-S) y pactos non sanctos. Algunos esclavos europeos gobernantes llaman a Trump fascista, entendiendo sin duda por fascista el que lejos de arrodillarse para que le degüellen como a un cordero descarga el hacha sobre el turbante. Fascistas son los que atacan la libertad y democracia occidentales, y no los occidentales que se defienden contra ese fascismo y, desde luego, quieren vender caras sus vidas. Fascistas son los lobbies que construyen relatos amañados sobre sucesos pavorosos, y con ellos tratan de desinformar al pueblo americano. Sólo la verdad puede volver a América, reinar en América, a partir de lo políticamente incorrecto. Como siempre ha sido, desde que América se levantó contra la monarquía británica. Hoy la verdad resulta incorrecta políticamente, por ello hay que votar a Trump.
EEUU, como antes Roma y Bizancio, se ha partido repetidamente los dientes en Partia. En aquellos parajes cercanos a Ctesifonte desaparecieron innúmeras legiones romanas. A pesar de las grandes proezas de Pompeyo, Craso, Tito, Trajano, Septimio Severo, Aureliano, Gordiano III, Valeriano, Caro, Galerio, Juliano, y algunos emperadores más, en Partia, los partos siempre resurgían, y enterraban legiones enteras, y a líderes como al propio Craso y a los emperadores Valeriano y Juliano.
Por otro lado, la actual violencia bestial que se perpetra en nombre de Alá no responde para nada al espíritu elegante, refinado y humanitario que tuvo un aristócrata como Mahoma. Algo huele muy mal aquí, en esta interpretación aberrante del Islam. Jamás el Islam se ha expresado con la loca irracionalidad asesina del ISIS. Es un fenómeno nuevo que ni siquiera explican las brutales bombas que USA ha lanzado sobre la antigua Partia, muchas veces sin ton ni son, pagando tantos justos por pecadores que seguramente suponga una de las más negras páginas de su Historia. Sin duda los restos de los “padres fundadores” se hayan estremecido en sus tumbas por esta falta de inteligencia y codicia ciega. Pero todo este error criminal no justifica ahora que Occidente quiera salvarse haciendo lo que el cobarde emperador Joviano hizo al huir de Partia: vender los valores y principios de Occidente para conservar la vida (¿qué vida ya?).
El ciclópeo programa de obras públicas que propone Trump – tan necesario y el más grande que jamás un Presidente haya diseñado – supone poner a todo EEUU de pie y en marcha, y es evidente que ello movería todas las finanzas mundiales. EEUU no puede condenarse al continuismo inútil y fracasado de la política corrupta y amañada de Obama-Clinton. Es posible que Donald Trump acabe siendo una desilusión y que se descubra que es otra construcción del propio “sistema”, pero mientras tanto nos parece un outsider de discurso imprevisto e inesperado. La relación multilateral que su patria, pilotada por él, quiere tener con el mundo hará que éste vuelva a ser el mundo de las naciones, y no el de los grandes ámbitos supranacionales que al final sólo representan los grandes intereses de sociedades oligárquicas y herméticas. Su visión sobre la Rusia de Putin es aguda y penetrante y sólo puede favorecer la paz mundial. En definitiva, gracias a Trump las elecciones americanas vuelven a ser plurales, como en la época de Adams y de Jefferson. Es decir, cada candidato supone una mundivisión distinta. Suerte, Trump.
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