Opinión

El verano de los desfavorecidos

TRIBUNA

José Manuel Cuenca Toribio | Sábado 13 de agosto de 2016

Centenares de horas de la vida universitaria del articulista – a las veces, jornadas completas (día y noche, oh manes del hermoso caserón de la muy valenciana calle de La Nave…)- se consumieron en la escucha atenta y la réplica de ordinario tímida a las mil y una propuestas palintocráticas emitidas en las Juntas de Gobierno del Alma Mater por algunos de los representantes estudiantiles. Con el andar del tiempo, varios de entre ellos se convirtieron en Madrid en profesores de algunos de los más cualificados líderes del actual partido político “Podemos”.

Por consiguiente, no pocas de las proposiciones que han tenido recientemente asiento en sede parlamentaria en orden a una posible regeneración de la tábida vida nacional se escucharon por sus oídos en los claustros de Barcelona, Valencia o, ya más residualmente, Córdoba. Eutrapelias, soflamas y rodomontadas se mezclaban en las intervenciones y proclamas de los maestros y guías de los alborotados estados mayores de los diversos movimientos antisistema que configuran las masas y los cuadros de “Podemos”.

Pese a tan inapreciable experiencia de tiempos ya remotos, el cronista ha de confesar que hasta el presente nunca tuvo la oportunidad de oír o leer en los incesables y profusos textos de los antecesores de los caudillos actuales del mencionado partido o movimiento ciudadano el esbozo promisorio de una moción de ley acerca de la obligatoriedad del lado de los poderes ministeriales, autonómicos o locales de asegurar a las gentes de condición menesterosa y de todo punto impecune, cara a costearse un mes de vacaciones estivales, los fondos económicos requeridos para ello. Si siempre es justa una propuesta de tal índole, lo es más en el país de los veranos quizá más urentes de todo el viejo continente y de costas más extensas y apacibles. En la sociedad mediática hodierna, con el sistemático e implacable bombardeo de anuncios en pro de la exaltación ilimitada de los gozos y beneficios corporales y espirituales proporcionados por las playas y la vida junto al mar, encoge en verdad el ánimo contemplar los millones de españoles privados de tal recurso.

Ahora que se cumplen en Europa – (Francia tenía que ser la adelantada…)- los ochenta años de las primeras vacaciones estivales populares pagadas por la patronal y el Estado, la iniciativa de “Podemos” no puede de ser más justa y oportuna. Solo por ella, sus dirigentes resultan ser acreedores al aplauso ciudadano, al tiempo de albergar alguna esperanza en que con iniciativas como la comentada den definitiva fijeza a su errático rumbo camino de utópicas metas.

Sino que, naturalmente, el Tío Paco está a la vuelta de la esquina para poner en solfa planes en teoría deslumbradores. Ninguna Hacienda del solar patrio puede ni de lejos materializar presupuestariamente tan humanitaria medida. Además y por contera, los eurócratas brusolenses, muchos de ellos antiguos antisistema, no entienden de ello… Una vez más Xenius tenía razón: “Los experimentos con gaseosa…”