Opinión

¿Investidura o terceras elecciones?

Y DIGO YO

Javier Cámara | Jueves 18 de agosto de 2016

Parece claro que en política no se puede asegurar nunca nada. Lo que hoy parece claro, mañana puede teñirse de oscuro casi negro y un día después encontrarnos con que se vuelve a la postura inicial o totalmente contraria. Algunos miembros de Ciudadanos –y el propio Rajoy– estaban seguros de que iba a ser imposible evitar unas terceras elecciones y en menos de 12 horas todos han cambiado de opinión. En política, repito, el bloqueo o desbloqueo de una situación cambia en un abrir y cerrar de ojos.

Al más puro estilo Rajoy, el presidente en funciones ha intentado explicar por qué ahora sí: “A una sesión de investidura no se puede ir cuando uno tiene la certeza absoluta de que no puede ser investido; por eso, ahora voy a la sesión de investidura”. ¿Qué quiere decir, que ahora tiene la certeza absoluta de que va a ser investido o que no tiene la certeza de que no vaya a ser investido? No es lo mismo.

En cualquier caso, ya se oyen voces y se leen opiniones que sugieren que si se presenta es por no “hacer el feo” a la propuesta del Rey porque, en realidad, la posibilidad de unas terceras elecciones no sería una mala salida para los populares, que podrían ver aumentado el casillero de escaños. Él dice que llegar a ese punto “sería un fracaso sin paliativos de las negociaciones políticas”, pero ya echa la culpa a otros.

El caso es que nadie apuesta por que el 31 de agosto –el 30 será para el discurso– Rajoy salga investido presidente del Gobierno por mayoría absoluta, pero sí por que el 2 de agosto, con una mayoría simple, el presidente del Gobierno deje de estar en funciones para volver a ser el jefe del Ejecutivo. Harán falta abstenciones, pero se puede apañar. Si no, y ante el poco probable escenario de que aparezca algún otro candidato en los dos meses siguientes, las elecciones generales, las temidas terceras, serán el día de Navidad.

En el hipotético caso de que así fuera, ¿cuál creen ustedes que sería el porcentaje de abstención en la votación visto lo fastidioso de la fecha y, sobre todo, el hastío, cansancio, aburrimiento e irritación que provoca –está ya provocando– la actitud de la clase política española? ¿Dejarían ustedes la comida de Navidad, la reunión con los amigos, los turrones y mantecados o la enésima reposición de ¡Qué bello es vivir! por ir a votar a Rajoy, Sánchez, Iglesias o Rivera?

Si así es, espero que no se presenten de nuevo los cuatro candidatos, aunque quizá salvaría al de Ciudadanos por intentarlo de verdad al demostrar su capacidad de negociación, que es lo que reclaman los nuevos tiempos. Pero, no se vería con buenos ojos que se ‘tripitan’ unas elecciones con los mismos aspirantes y no paguen su falta de acuerdo y negociación, entre otras cosas, también, porque ninguno de ellos puede competir con las entrañables alocuciones de James Stewart.

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