Como una avutarda a su nido, igual que una aventura de comistrajo, lo mismo que un harapo tendido en el metropolitano, esta España nuestra no sé si está ya fenescida o simplemente se ha retirado a descansar, tal cual hicieron Séneca, Homero o Juana la loca en el monasterio de Tordesillas ésta última. Esta Celtiberia nuestra, golpes de boxeo y rincón de la mercromina, está siendo vulnerada por sus fuerzas políticas. Montaigne dijo que por muy alto que fuera el trono, siempre estamos sentados sobre el culo, mientras que Nietzsche comentó que el que ha perdido el respeto de sí ya no sabe ni mandar ni conducir. España es una alopecia cruzada de ciudadanos cachazudos.
El señor Rajoy no va a volver a gobernar este país en esta ya LII Legislatura, pues que sólo con los votos de Ciudadanos no sale el geografismo de paseata por estas múltiples Españas que somos y en donde estamos abandonados como ladillas en el vello de las vaginas. España se ha convertido en una absurdidad introducida en el camarote de los hermanos Marx, “y dos huevos duros”, por lo que yo presiento que nos iremos a terceras elecciones, cayendo éstas –con toda premeditación y como un espionaje de la CIA- el día de Navidad, cuando los españolazos estemos de resaca de cepillo de dientes o cambiando las figuritas del belén de sitio, que en Navidad la gente no vota, que está prohibido por la Santa Inquisición en que nos hemos ido repitiendo en estos últimos meses. España es una cría de pájaro con la boca abierta a la espera del insecto.
El NO del PSOE yo no sé si tiene mucho fundamento o realmente está esperando su profesional y premeditada jugada de ajedrez, en donde, si falla Rajoy, Sánchez sea envestido presidente con el apoyo de los quincemayistas, más los soberanistas –previo pacto sobre el tan fatídico referéndum catalán-. Que aquí quien ha maljodido las cosas ha sido Catalunya y su impertinente republicanismo de Estado. Estoy seguro que, si no fuera por los de las esteladas y la CUP, en estos momentos por lo menos tendríamos gobierno al estilo del Frente Popular del 36, pues estamos retornando a un republicanismo monárquico que lleva indicios de aquella II República donde los principales partidos de izquierda un 16 de febrero dieron los avatares en donde el Frente Popular no se presentó en Catalunya, pues que ésta se organizó sola y como en Durruti en una coalición llamada Front d’Esquerres, nucleada en ERC, siendo lo mismo lo ocurrido en Valencia.
Aquí da la impresión que retornamos al 36, dado que todo está tan fragmentado e inflamado que, aunque use una hipérbole no muy bien traída, se hace necesario el Príncipe de Maquiavelo para que en los callejones del Gato de Celtiberia vuelve a desfacerse este acueducto romano que son las elecciones generales. Plinio el Joven dijo que no hay autoridad como la que se funda en la justicia y se ejerce por la virtud, algo parecido a la ontología de Platón, mientras que un proverbio galés dicta que el que quiera ser líder debe ser puente. Es este pontón el que necesitamos en estos momentos, algo que apacigüe maquiavélicamente esta estatua roma que es Celtiberia.
Si tenemos en cuenta lo que aventó Plutarco, esto es, que una autoridad que se funda en el terror, en la violencia, en la opresión, es al mismo tiempo una vergüenza y una injusticia, entonces valoraremos que existe, en efecto, una violencia o terror psicológico y andante contra la ciudadanía española. La política es una vagamunda que aspira sólo al poder y a los sillones azules. El Congreso –yo que el otro día pasé por ahí- está vacío y como pálido de tuberculosis. Se estima urgente tener en cuenta lo que dijo Solón: “Manda cuando hubieres aprendido a obedecer”. La política española no obedece, sino que se quiere perpetuar como el sonido que dejan al rozarse una máquina de coser y un paraguas.