Opinión

Política exterior de tramoyista

Miércoles 18 de junio de 2008
Si hubo quien esperase algo reseñable del discurso de Zapatero en el que pergeñaba sus líneas maestras en materia exterior, su decepción debió de ser mayúscula. Ello es así porque, en el marco del Instituto Elcano, el Presidente del Gobierno esbozó una serie de vaguedades que, por otra parte, son las que rigen en asuntos exteriores desde que el líder socio-nacionalista llegase a la Moncloa. Situar Asia y África entre las principales prioridades de la agenda exterior española parece una elección muy discutible. Máxime cuando nuestro peso ante los principales socios de la Unión Europea no es precisamente considerable. Y es preocupante, habida cuenta de la importancia que hemos de hacer frente común en determinados asuntos -inmigración, seguridad y energía, entre otros-.

El caso de las relaciones con Estados Unidos es aún más flagrante. Durante una legislatura entera, tales relaciones han sido prácticamente nulas. A cambio, líderes mundiales de la talla de Evo Morales o Hugo Chávez han tenido una presencia notable dentro de las actuaciones en clave internacional del Gobierno español. Con los resultados que están a la vista. Dejar de lado a la primera potencia mundial en base a caprichos de cierto progresismo trasnochado no resulta el mejor modo de defender los intereses del Estado. Hablar del cambio climático o de la pobreza en el mundo es muy loable, pero no exime de responsabilidades de gobierno. Asia es importante, por haberse convertido en la “fábrica del mundo”; África subsahariana, en lo relativo a inmigración. Ambos frentes han de ser atendidos con la diligencia precisa. Pero conceder un perfil bajo a Europa y Estados Unidos denota una falta de ubicación con la realidad de nuestros intereses -términos ausentes en la morfología y en la semántica del discurso gubernamental- en combinación con un notable grado de irresponsabilidad. Como de costumbre, es política teatral, imagen en lugar de realidad, el continente -los continentes equivocados- en detrimento del contenido. Un país en la situación estratégica, con las dimensiones económicas y el volumen comercial de España exige algo más en política exterior que malabarismos de sondeos y juegos florales con Kofi Annan.

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