Jueves 01 de septiembre de 2016
La sesión parlamentaria de ayer tenía como único atractivo el contenido de las intervenciones de los diversos líderes políticos, habida cuenta de que la actual situación de bloqueo no tiene visos de cambiar. Así las cosas, destacó especialmente la respuesta en tono didáctico dada por Mariano Rajoy a la intervención de Pablo Iglesias.
Quizá porque sabía que no había nada en juego, el Presidente estuvo más relajado que en ocasiones precedentes. Supo incardinar datos macroeconómicos en un discurso ameno y hasta humorístico. De haberse expresado igual en el pasado quizá su imagen sería diferente, aunque eso ahora es lo de menos.
La sesión de ayer fue prescindible; y a buen seguro, también lo será la del próximo viernes. Es tan negativo como revelador que ayer sólo se atendiese al aspecto meramente formal de los discursos, sin atender al fondo ni a una eventual fórmula de desbloqueo. Si nada lo remedia, el viernes Rajoy fracasará en la segunda votación, lo que aboca a España a unas nuevas elecciones. Y, fuera ya de proyectar una imagen lamentable, un país no puede permanecer tanto tiempo en situación de interinidad.
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