Opinión

La socialdemocracia sigue en su no

TRIBUNA

Emilio Arnao | Viernes 02 de septiembre de 2016

Yo, que intento anudarme en un articulismo independiente y rally, no sé si entiendo la negativa del PSOE a la investidura de Rajoy o sí la entiendo. Debo reconocer que me hallo en un raimiento de dudas y de opiniones diversas. Ciudadanos creo que ha actuado bien si, como Rivera dicta, su alineación con el PP es por sentido de Estado y por no dejarnos a los españolazos para la francachela de otras elecciones generales. Un año sin gobierno es como un día sin amores con una actriz de Hollywood, algo imperdonable. Yo quiero amar a Charlize Theron lo mismo que amo a esta Celtiberia sin celtas y sin íberos, es decir, sin la radiodifusión de una España entera y voluble, argonáutica o polis griega. Celtiberia se haya encenizada por ese ramerismo que es el poder. Ya dijo Julio Andreotti que el poder desgasta sobre todo cuando no se tiene. Mientras que Francis Bacon comentó que los hombres situados en altos puestos son tres veces siervos. España es una pústula en el ojo de la niña.

La socialdemocracia española –no confundir con socialismo, que ya es otra gesta- tiene en Pedro Sánchez a un cardenal oficiante de una democracia dibujada con estilete, con lo cual yo creo que espera para reconcentrar el voto de la izquierda –con los quincemayistas y los soberanistas-, previo acuerdo sobre Catalunya, para adquirir ese poder que es servidumbre como hemos visto en Francis Bacon. Sánchez va a por la presidencia de esta Celtiberia arrancada de brazos, de ideologías y de la Carrera de San Jerónimo. Aquí hay mucha guasa, mucho parné por ejecutar y más cabezonería que la del sordo Goya y Lucientes, maño como Buñuel, otro cabezón surrealista.

Entiendo y no entiendo ese NO de la socialdemocracia española a la derechona. Por ideogramas queda claro que penetra en la lógica que se estudia en las universidades, pero por responsabilidad de Estado insiste la duda de la abstención. Da la impresión que ahora los barones del felipismo empiezan a entender a la socialdemocracia traída de nuevo por la juventud que apremia en un cambio radical a lo mentalizado tras la Legislatura de un Rajoy que meneó con su mano derecha de gaviota todo el edificio social y de libertades públicas, más ese susto que ha derivado en pobreza y en otros mesteres de clerecía. Rajoy ha sido un clérigo de una democracia no del todo operada de meningitis. El rajonismo hubiera debido aproximarse más al pueblo español, el cual ha padecido lo indecible durante su mandato –baste ver las miles de manifestaciones ciudadanas que le gritaron su NO en aquellos cuatro años-. Rajoy debería delegar su correveidile a otra generación del Partido Popular que no estuviera tan manca y tan empollada de corrupción. Toda corrupción conduce a una crisis institucional y por ende a un posibilismo de crisis económica. Cuando el ambiente está limpio, los inversores y la Bolsa sacan las alfombras para reducir el déficit y la deuda pública.

El NO del PSOE ya es un menhir que escupe lava y cuadros de Tiziano y bombas de racimo, más una inestabilidad de corrusco de pan. Pienso en lo que yo pueda pensar que Pedro Sánchez tiene bien pensada cuál va a ser su jugada maestra, pues que de lo contrario no veo yo una ínsula Barataria en no acceder a la abstención. Todos son truhanerías y juegos de pelota, un ajedrez filosófico-político que me lleva a acabar este articulillo con lo que dijo Jean de La Fontaine: “Cualquier poder si no se basa en la unión, es débil”.