Opinión

Gauche et droite

TRIBUNA

Roberto Alifano | Miércoles 07 de septiembre de 2016

La izquierda y la derecha unida jamás serán vencidas

Nicanor Parra



En una página que preferimos calificar de jocosa Adolfo Bioy Casares escribe que “el hombre es pájaro que viaja con su jaula a cuestas”. Una idea que no parece tan extravagante si la relacionamos con el Contrato Social de Jean-Jacques Rousseau: “El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado”.

Partiendo de ese concepto y apoyados en dos palabras contrapuestas, muy añejas y aún recurrentes, trataremos de aproximarnos al arrastre que han dejado en nuestra contemporaneidad, y a la incidencia que tienen en la política Argentina. Nos referimos a las palabras “izquierda y derecha”(o su original en francés gauche et droite),que a medida que pasa el tiempo más se acercan a un mismo significado, llevándonos a disparar el lúcido artefacto del poeta chileno Nicanor Parra, como divertido epígrafe.

Según es fama, gauche et droite, tienen su origen en el marco de la Revolución Francesa. Ocurrió que en aquellos lejanos tiempos, tras la toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, se organizó la Asamblea Nacional Constituyente, cuyo objetivo fue la escritura de una Constitución y, por supuesto, el trazado del futuro político del país. En ella se reunieron diputados divididos en tres fracciones en función de sus ideologías. El primer día la ubicación se realizó de forma aleatoria y posteriormente se mantuvieron los sitios originales, tomando la misma en cada reunión. Ese primer día, a la derecha del presidente se situó el grupo de la Gironda (los Girondinos) y a la izquierda el grupo de la Montaña (los Jacobinos). En el centro se mantuvieron las personas indecisas o no partidistas aún, llamándose a ese grupo la Marisma o el Llano.

Los Girondinos apostaban por una monarquía parlamentaria con derecho de sufragio no universal (eliminando el derecho a las clases no propietarias); tenían el apoyo de una parte de la nobleza, de la burguesía y de los propietarios. Los Jacobinos, en cambio, eran partidarios de una república y de un sufragio universal, y es por ello que tenían el favor de las clases populares.

Todos aquellos que tuvieran ideas moderadas eran tildados de “derecha” por su ubicación en la Asamblea; mientras que los más progresistas eran los de “izquierda”. Perdurando, más o menos a grandes rasgos, este significado hasta nuestros días.

Ya instalados en este concepto, trataremos de sintetizar la reciente historia de la Argentina, no tan ajena a la de otros países, pero con una marisma quizá más compleja debido a los confusos “populismos” que la gobernaron. Visto desde un simplismo inquietante, el país ha estado en manos durante los últimos doce años de la “izquierda” y ahora está siendo gobernada por la “derecha”; eso, según los que simpatizan con una u otra corriente. Un absurdo en el que caen demasiados analistas políticos y sociólogos.

Ante semejante desatino bien vale la pena hacer algunas reflexiones especialmente ahora que la ampulosa “resistencia kirchnerista”, con la señora Hebe Bonafini (jefa de Madres de Plaza de Mayo) a la cabeza y los partidos y sindicatos de cierta alegre “izquierda”, han salido a la calle para enfrentar y terminar con este gobierno de “derecha” y sus lacayos imperialistas. De manera antidemocrática, obviamente, y “lo antes posible” ya que, según profetizan, “Macri tiene los días contados”. No sea cosa que cuando caiga la dictadura impuesta por su gobierno no puedan asumir los nuevos postulantes a lucrar de la política porque corren el riesgo de estar todos presos (o exilados). Pero, los más exagerados van más lejos y comparan al profuso macrismo con los peores tiempos de la horrible dictadura de Videla. ¡Vaya, con estos ultras adolescentes de izquierda, tan propicios a concebir ideas menos progresistas que fascistas!

Con un algo de seriedad cabe ahora preguntarnos: ¿realmente la izquierda gobernó a la Argentina durante los últimos doce años? y ¿es el actual gobierno de la coalición Cambiemos realmente de derecha?

Don Quijote dixi, intentemos desfacer el entuerto haciéndonos otra pregunta: ¿el ya resignado comerciante Daniel Scioli, candidato a presidente del kirchnerismo era la izquierda y el ingeniero Mauricio Macri es la derecha? Exponer esta premisa sinceramente causa risa y lleva a otra pregunta:¿se pueden dejar impunemente más de un 30 por ciento de pobres después de la mayor bonanza regional de la historia argentina y decir que fueron un gobierno popular de izquierda?

Como es fama, los populismos desarrollan políticas tendientes a fomentar el consumo, apoyados en generosos subsidios que dilapidan a manos llenas con una continuidad limitada en el tiempo, desembocando irreparablemente en un fin de fiestas desastroso cuando se agotan esos recursos públicos y se vuelve a la cruda y cerril realidad. Es así como la ex presidente C.K. enfatizó alegremente la pasada semana que “ahora la gente tiene que elegir entre comer o pagar las facturas”… Reconociendo, de manera implícita, que su gobierno administró tan pésimamente que si al pueblo se le sacan unos pesos mensuales del bolsillo (en el peor de los casos) ya no le alcanza para comer. Esto dicho sin negar de nuestra parte que el aumento de las tarifas fue un verdadero mamarracho, un “tarifazo” mal analizado y pésimamente aplicado, que tuvo poco en cuenta lo que es un sueldo básico o una jubilación mínima que dolarizada no pasa de los trescientos U$S.

Si esta declaración de la expresidente es correcta, quiere decir que después de diez años en los que según nuestros populistas vernáculos se repartieron dólares (generosamente todo el tiempo, y esto no es exageración, porque pocas veces se dieron en la historia tan buenas cosechas, con un precio de la soja altísimo a nivel internacional). Eso no hizo, sin embargo, que el pueblo argentino pudiera acceder a tener mejor nivel de salud, más cloacas, mayor seguridad y agua, gas o combustibles a precios razonables, aunque no irrisorios, y siempre financiados por el Estado con fines non santos. Esto es lo que en el diccionario de la “izquierda kirchnerista” se define como “la década ganada”. Que no fueron sino meros subsidios a usuarios y a empresarios para ocultar la realidad y atraer votos. Así y todo no les fue bien y perdieron en las últimas elecciones presidenciales.

Período en el que, además, los pobres se volvieron más pobres y los ricos se volvieron más ricos, ya que los bancos en particular cosecharon más dinero que nunca. Porque si de políticas monetaristas se trata, nada mejor que las de los populistas. Pero la frase de esta señora C.K. (nuestra “pasionaria del Calafate”, como la ha bautizado un periodista), tiene otras acepciones relacionadas con conventos y monasterios, que en este caso oficiaron de intermediarios y socios secretos de sus corruptos funcionarios, y alimentaron paraísos fiscales en las Islas Seychelles, o en el Vaticano, donde se rumorea que está buena parte de lo que estos intrépidos muchachos desviaron de la obra pública. Millones y millones robados de los bolsillos del pueblo.

Quizá tal declaración (o sinceramiento en nuestro caso) de una persona de izquierda, no convenga divulgarla, porque si eso es de “izquierda”, la izquierda dónde está. Y menudo bien le hacen a esa comodidad ideológica.

Tampoco deberíamos hablar de “progresismo”, o “populismo” a secas. Al menos no habría que hacerlo delante de cierto peronismo; sobre todo por respeto a algunos popes o ideólogos bien intencionados de esa corriente política.

Ahora bien, no está de más recordar que si pagarle a los llamados “fondos buitres” era una política de derecha, ¿qué clase de política de izquierda fue pagarle al Club de París, sólo un par de meses antes, más de 9.000 millones de dólares sin decir agua va y aceptando la usura internacional correspondiente (ojo, según la izquierda)?

Así las cosas, la discusión política de este tiempo es muy enmarañada porque, sin alardear, se ha cumplido la vieja profecía que señala: “nada peor para un progresista que un mal gobierno de izquierda”.

Es probable que ciertas livianas posturas, encabezadas por rechonchos parlamentarios, se regodeen imaginando que ahora tenemos un gobierno de “derecha”, con las nefastas consecuencias del caso (llámense neoliberalismo, desarrollismo, etc., etc.), intolerante por los cuatro costados. No robar, gestionar bien y no inventar relatos inverosímiles es algo que no es de derecha ni de izquierda, sino de gente honrada, sincera y bien nacida, y es lo que pide la mayoría de los ciudadanos; aunque lo de gestionar bien, aquí en la Argentina aún estaría por verse, sobre todo con este Gobierno que fue votado por la mayoría para eso y aún está dejando qué desear con una inflación que no cede y empobrece e inquieta a los más necesitados.

Pero, más allá de “izquierda y derecha”, demos tiempo y espacio suficiente a esta nueva propuesta. Si bien somos aún un país inviable y hasta los árabes pobres de la región, porque tenemos petróleo y energía en abundancia que no lo podemos extraer de las entrañas de la tierra debido a la falta de garantías jurídicas para efectuar las correspondientes inversiones, no nos encerremos en este comienzo en nuestra propia encrucijada. Cada ciudadano tiene derecho a la esperanza, alentemos esa ilusión.

En cuanto a lo de “izquierda y derecha”, gauche et droite, tal vez como en el Parlamento francés siguen siendo meras comodidades de espacios ideológicos; eso sí, un poco demodé. Para cerrar con una metáfora y la correspondiente sonrisa, nada mejor que recordar a aquel apasionado militante de izquierda que llegó a su casa y encontró a su mujer con otro en la cama. Salió a la calle indignado y, como un acto de protesta hacia el imperialismo, quemó en la esquina la bandera de los Estados Unidos.