Cultura

Rúnarsson, Concha de Oro 2015: "Con otro jurado, no tendríamos hoy distribución"

ENTREVISTA AL GANADOR DE LA CONCHA DE ORO 2015

Laura Crespo | Jueves 08 de septiembre de 2016
Entrevista al director de Sparrows, película ganadora de la Concha de Oro en la pasada edición del Festival de Cine de San Sebastián, que llega este viernes a las salas españolas.

La sordidez puede ser luminosa. O la luminosidad, sórdida. Es una de las conclusiones que se extraen de Sparrows, la cinta que ganó la Concha de Oro en la última edición del Festival de San Sebastián y que este viernes, 9 de septiembre, se estrena en las salas españolas. No se trata de contradicciones, sino de contrastes, como los que pueblan la idiosincrasia de la Islandia en la que transcurre la cinta y capaces de albergar poesía. El cineasta Rúnar Rúnnarsson, que subió a recoger el premio gordo de la cita vasca con el que es su segundo largo (tras los cortos The Last Farm y Two Birds, el mediometraje Anna y el debut en largo con Volcán), ha charlado con El Imparcial sobre esta historia de adolescencia, incomunicación e identidad que transcurre bajo el incansable sol del solsticio de verano islandés.

SPARROWS

Director: Rúnar Rúnarsson
País: Islandia
Guión: Rúnar Rúnarsson
Fotografía: Sophia Olsson
Música: Kjartan Sveinsson
Reparto: Atli Oskar Fjalarsson, Ingvar Eggert Sigurðsson, Kristbjörg Kjeld, Rade Serbedzija

Sinopsis: Un relato iniciático sobre un adolescente de 16 años, Ari, quien, tras haber estado viviendo con su madre en Reikiavik, es enviado de vuelta a la remota región de los fiordos occidentales para vivir con su padre Gunnar. Allí tendrá que lidiar con una difícil relación con su padre y encuentra cambiados a sus amigos de la infancia. En ese ambiente desesperanzador, Ari tiene que esforzarse para encontrar su camino.

Un año después de ganar la prestigiosa Concha de Oro del Festival de San Sebastián, Sparrows se estrena en las salas españolas. ¿Qué balance haces con la perspectiva de todo este tiempo?
Para mí este es un nuevo mundo, muy valiente, muy interesante, porque son estos premios los que hacen posible que películas como Sparrows tengan la distribución adecuada. Con un jurado diferente no hubiera logrado esta distribución. La película sería igual de buena o de mala, responde sólo a la coincidencia que ese jurado en concreto haya decidido otorgarle este premio. Logras entrar en un festival y que te den un premio, y en nuestro caso coincide en que lo logramos en uno de los grandes festivales del mundo, pero con esta misma película nos han rechazado en festivales mucho más pequeños. Incluso grandes directores como Ken Loach o Mike Leigh dependen de este tipo de premios para lograr una distribución adecuada. Hay un elemento de suerte muy importante en el mundo del cine. Pero las películas siguen siendo igual de buenas o malas.

Por intentar hacer esto tan difícil de la categorización en géneros, has definido en alguna ocasión tus películas como “realismo poético” y, efectivamente, haces poesía de lo real, sin desechar las partes más oscuras o menos agradables…
Las cosas feas están ahí también porque nos permiten apreciar mejor la belleza, los aspectos más agradables. La oscuridad no existiría sin la luz y viceversa.

La luz juega un papel muy importante en Sparrows, que transcurre en un pequeño pueblo islandés en el que no anochece en verano. ¿Cómo aprovechaste esta circunstancia a nivel narrativo y estético en la película?
El verano en Islandia es una época del año muy extraña. Acabamos de pasar un invierno a oscuras y de repente aparece esa luz constante que cada año me sorprende. Sí que hay día y noche en términos de cómo se estructura el día, pero hay sol 24 horas y pierdes la noción del tiempo. Tienes más energía y no necesitas dormir tanto. Por ejemplo, estás en una cena, has bebido unas cuantas copas de vino y miras por la ventana: son las tres de la madrugada pero es de día. Me sigue pareciendo extraño.

En términos dramáticos, suaviza el golpe del lado más oscuro de la sociedad en la que vivimos. Algunos pasajes de la película hubiesen sido demasiado duros si hubiesen ocurrido en invierno. Al mismo tiempo, traspasa a la película ese efecto de extrañeza de cómo uno percibe el tiempo. De hecho, es difícil definir cuánto tiempo pasa en la cinta. Con cosas tan sencillas como una fiesta que se produce en una luz constante se genera una especie de intemporalidad, un efecto extraño sobre el ritmo de la película. Es algo que queríamos explorar y explotar.



¿Por qué rodar en analógico en la era de lo digital?
¿Por qué no? Hay muchos motivos. En primer lugar por gusto, simplemente. La película capta tonos medios de color que lo digital no capta. La imagen digital capta más resolución, más información, incluso más que el propio ojo. La película tiene una textura muy suave, muy blanda, sobre todo en este mundo de alta definición y de pantalla plana. La señal analógica habla al lado emocional de tu cerebro y la señal digital al lado racional. Nosotros estamos intentando captar y narrar un viaje emocional.

Te gusta escribir y filmar sobre lo que conoces. ¿Es Islandia lo que se muestra en la película?
No todo el mundo de la sociedad islandesa está en esta película, pero sí escribo los guiones basándome en mí mismo, en personas a las que conozco y amo, y después, a partir de ahí, introduzco elementos de ficción. No me gusta defino qué es qué, qué es realidad y qué es ficción, porque no quiero que afecte a las otras personas involucradas y porque al fin y al cabo todo lleva hacia mí: son mis experiencias, es mi interpretación de las vidas de la gente que me rodea y son mis elementos e ficción. Los estados de esta película son Islandia y ese pueblo, pero la problemática y los momentos de alegría son elementos muy cohumanos. Sparrows podría ambientarse en cualquier lugar del mundo. Lo que le da el sello islandés a la película es la nacionalidad del entorno: las montañas se utilizan como metáforas y, de haber ocurrido por ejemplo en Londres, el paisaje urbanístico hubiera dado pie a otro tipo de interpretaciones.



Se habla de que el cine nórdico vive un buen momento. ¿Se puede hablar del cine según su nacionalidad?
Es difícil generalizar y al mismo tiempo es muy fácil. Yo estudié y me formé en cine en Dinamarca, mi directora de fotografía, Sophia Olsson es sueca, hay un actor finlandés, productores y montadores daneses y muchos islandeses en el resto del equipo. Así que puede decirse que hay muchísimo poder creativo nórdico en esta película. Pero decir qué define el cine nórdico ya es más difícil. Está el cine negro, pero desde luego que yo, por ejemplo no formo parte de eso; o los dramas interiores de Bergman, aunque todo el cine tiene que ver al final con dramas interiores. Al final es, como todo, un zona cultural y, concretamente Islandia está en la periferia de esa zona. Sí que hay temperamentos muy particulares que se trasladan al cine. Por ejemplo, en el cine español se habla mucho y, cuanto más al norte, las sociedades tienden a hablar menos, también en su cine.

Quizás el cine islandés en concreto sí se puede definir con mayor nitidez. Somos muy pequeños y una nación muy joven que, desde nuestra independencia en el año 44, ha pasado de ser uno de los países más pobres del mundo a creer que éramos el país más rico del mundo. Hasta que la realidad nos pegó una bofetada. Y, en este contexto, hay muchos conflictos viejos y nuevos, pobreza y dinero, posibilidades y falta de ellas, vivir con la naturaleza y pelear contra ella al mismo tiempo. De nuevo, la luz y la oscuridad. Hay muchos contrastes en Islandia. Y eso en cierta manera afecta a nuestro cine, a las películas que hacemos. Somos tan pequeños, un país de poco más de 300.000 personas, que incluso aunque lograras un éxito en taquillas en los cines de Islandia, algo que por cierto nunca pasa con las películas islandesas, tampoco puede ser tu plan de negocio. Y esto pasa también a efectos de la música, del arte o la literatura. Si te dedicas a esto no puedes pensar sólo en términos de mercado. La mayoría de las veces, lo que uno hace, lo que uno emprende, termina siendo un viaje personal, sin expectativas de éxito de mercado. Hay muy pocos artistas o cineastas que vivan bien en Islandia; más bien se trata de sobrevivir y tener la posibilidad de continuar. Igual por eso destaca, por eso es tan distinto.

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