Opinión

La creatividad de la política

Enrique Aguilar | Miércoles 18 de junio de 2008
Al promediar la década de 1970, el sociólogo norteamericano Robert Nisbet publicó el libro Twilight of Authority (El crepúsculo de la autoridad). En uno de sus capítulos, Nisbet, testigo de lo que consideraba una excesiva intromisión del poder político en la sociedad civil, realizó un llamado a la “recuperación de lo social” y a una demarcación precisa entre la idea de lo social y la idea de lo político. “Somos al parecer prisioneros de la política”, escribió, verdaderamente entronizada en la conciencia moderna.

Pasados más de treinta años, el panorama se nos revela sobremanera diferente. Hoy, en efecto, la política no parece tener la ingerencia que Nisbet denunció en su momento. Antes bien, al compás de la globalización, los gobiernos han pasado a ser más y más “gobernados”, si cabe la expresión, por factores económicos, culturales, ideológicos, etc., que, situados fuera del espacio que Zigmunt Bauman denomina “políticamente institucionalizado”, relativizan en gran medida su autonomía. En este sentido, como sostuvo el politólogo argentino Carlos Strasser en su libro La vida en la sociedad contemporánea, “ni el decisionismo político parte del vacío, como tampoco inventa ex nihilo sus opciones”.

Frente a esta realidad, frente al hecho de que la política parezca moverse dentro de márgenes y condiciones predeterminadas, cabe apostar, en cambio, a su creatividad y a su capacidad correctiva. Ya no a la recuperación de lo social, sino al redescubrimiento de la política como actividad cuya finalidad propia es la realización del bien común y gracias a la cual debería ser posible reconstruir esos puentes entre la vida privada y la vida pública que, en estos tiempos en que “la sociabilidad flota a la deriva” (vuelvo a citar al Bauman de En busca de la política), se encuentran dondequiera desmantelados. Es una apuesta insoslayable de la que en otra ocasión seguiremos hablando.

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