La CUP quiere que el Estado español intervenga por la fuerza en Catalunya. Eso es lo que se desprende después de escuchar la semana pasada al secretario nacional de la CUP, Quim Arrufat, en el acto de conmemoración de los 50 años de la Capuchinada. Exactamente dijo: “Nosotros proponemos la convocatoria del referéndum unilateral de independencia, si o no, con todas las de la ley, hasta el final, como mínimo para hacer entrar en contradicción antidemocrática al Estado español y que tenga que recurrir a algún tipo de fuerza legal o incluso de fuerza bruta”. No, hombre, señor Quim Arrufat, así no van las cosas, que se ha equivocado usted de país o de países y se cree que España y Catalunya son Palestina e Israel. ¿Acaso están los de la CUP organizando ya su primera intifada? ¿Tal vez el señor Arrufat se va a poner el pañuelo palestino y se va a poner a tirar piedras ante los cuarteles vacíos de la guardia civil en toda la región catalana? ¿Quizá este señor anticapitalista se va a convertir de repente en el segundo Buenaventura Durruti? El asfalto arde y la estatua de Colón se ha puesto ya el tricornio.
El problema o caso de Catalunya ni se verá burbujeado desde la violencia física ni volverá a suceder un caso como el del general de la guardia civil Antonio Escobar Huerta, quien, tras el estallido el 18 de julio, permaneció fiel a la República, siendo fusilado por un tribunal militar bajo sentencia una vez ganada la contienda por el bando nacional y enterrado en los fosos del castillo de Montjuic. No, señor Arrufat, no retome la historia a su manera y crea que vivimos en un Estado donde deben cumplirse las sentencias judiciales que engloban de momento el Estado de Derecho de una nación a la que pertenece Catalunya como comunidad autónoma. No se preocupe usted que no va a ver un segundo Lluís Companys, detenido en Francia en 1940 por orden de Serrano Suñer, siendo entregado por la Gestapo a la muerte por fusilamiento en el foso de Santa Eulalia del castillo de Montjuic, lo mismo que se hizo con el general Escobar, de quien, por cierto, hay una bellísima película dirigida por José Luis Madrid. No, señor, Arrufat, aquí se acabó la fuerza y los golpetazos con la culata del fusil. No se preocupe usted que si quiere la CUP la independencia la tendrá, pero antes debe ocurrir que el Guadalquivir llegue a pasar por Cadaqués o que el Estado español reconstruya la Constitución de 1978 y empiece ahí a hablarse de los diferentes nacionalismos históricos, hecho que yo creo que puede suceder. Por lo tanto, tómese usted una tisana y no vaya calentando el motor de la artillería pesada, porque Catalunya se lo merece todo, hasta usted y su ideología del todo respetable. Toda democracia acaba viviendo en la posdemocracia. La vida, el mundo, la política cambian diacrónicamente. Los lobos se merecen sus montañas.