Que Rivera se hiciera acompañar por Sosa Wagner y Savater, en el mitin de Bilbao, es lo más importante de toda la campaña electoral para las elecciones vascas y gallegas. Que Sosa Wagner y Savater se hayan prestado a colaborar con Rivera es lo más digno que podían hacer estos dos intelectuales por su país. Que Rivera, Sosa Wagner y Savater defiendan en la ciudad que parió a Unamuno, uno de los más grandes filósofos de España, la regeneración del sistema político español es de las pocas cosas por las que merece la pena escribir de política en los periódicos.
Cuando se producen acontecimientos como el de Bilbao, podemos decir con estoicismo: no todo está perdido. Ciudadanos puede sacar un diputado para el parlamento vasco. Lo sacará. Seguro. También lo sacará en Galicia, a pesar de lo que digan las encuestas. Desde aquí al domingo, todos los ciudadanos de España observamos al País Vasco y Galicia con cierta esperanza y renovado entusiasmo, gracias a Ciudadanos. Sí, por lo menos, durante unos días, tendremos la ocasión de soñar con unos cuantos ciudadanos que quizá voten contra lo políticamente correcto. Esa gente nos hará creer que vivimos en una nación civilizada, o sea, entre ciudadanos que somos iguales ante la ley, y completamente diferentes en todo lo demás.
Basta un diputado regeneracionista y sensato para poner patas arriba el cuento separatista del País Vasco y Galicia. Baste que saque Ciudadanos un diputado en el País Vasco y otro en Galicia para que el chiringuito de socialistas, populares y nacionalistas se ponga en cuestión. Basta, sí, solo un diputado reformista en el País Vasco y Galicia para que el resto de España crea que aún es posible la regeneración del sistema democrático. Con un diputado, solo con uno, se dice pronto, que represente a España, a todos los españoles, se pone en cuestión el tinglado de un sistema político que no quiere regenerarse.
A pesar de todo, a pesar de toda la cera que le dan a los de Rivera, el partido de Ciudadanos sigue erguido. Tratan de llevarlos al borde del abismo, pero resisten. Tratan de arrinconarlos para sacarlos del tablero político, pero aguantan. Tratan de desprestigiarlos porque pactan con unos y con otros, pero persisten en dar estabilidad política a una nación tambaleante. Ciudadanos es lo único sensato que ha traído la política española en los últimos tiempos. No sé lo que durará, pero mientras aguante, yo disfruto. Gracias a Ciudadanos aún vivo con cierto entusiasmo instalado en la esperanza española. Sí, vivo en la esperanza de la que hablaron Unamuno y Ortega; sí, me gusta pensar que basta la inteligencia de uno solo, o de unos pocos, para acabar con la brutalidad de los muchos; sí, con las movidas de Ciudadanos, incluidos sus errores, creo que tiene razón la pensadora que sintetiza a Unamuno y Ortega: “La esperanza rescatada de la fatalidad es la libertad verdadera, realizada, viviente.”
El resto es faramalla. Cuánto daría yo, en efecto, para se repitieran ese tipo de actos de Bilbao por toda España.