Sábado 24 de septiembre de 2016
A Pedro Sánchez no se le ha ocurrido nada mejor para apartar de sí el bloqueo al que tiene sometido a la política española que inventarse un congreso “a la medida”. En dicho congreso extraordinario, el todavía líder socialista perseguiría dos metas muy claras: blindarse ante lo que venga y sacralizar el “no” al PP en todas sus dimensiones posibles.
Sánchez quiere también revolver a la militancia contra unos barones que, salvo Cataluña y Valencia, cada vez le apoyan menos. Esta lucha cainita es uno de los principales problemas que tiene ahora el partido: demasiado enredados en trifulcas internas, apenas sí se habla de política o de proyectos concretos -salvo, claro está, acercarse a Podemos-.
A Sánchez no le interesa el futuro de España, ni tampoco el del PSOE, sólo el suyo propio. Ha cosechado ya los dos perores resultaos electorales de la historia del partido, y todo apunta a que puede seguir batiendo records negativos de producirse unas terceras elecciones. Estaríamos, pues, ante un eventual congreso al servicio exclusivo del ego de una persona concreta.
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