Opinión

Pedro Sánchez, ¿el Kérenski español?

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Carlos Ramírez | Miércoles 05 de octubre de 2016

La crisis política en España provocada por la intención del dirigente del PSOE Pedro Sánchez de impedir el gobierno del Partido Popular y buscar una gran coalición de izquierda recordó al personaje ruso Alexander Kérenski que fue el primer ministro del último gobierno que quiso ser socialista moderado que impidiera el ascenso al poder de los bolcheviques. Al final, incapaz de hacer las reformas exigidas por Lenin, fue echado del poder y exiliado.

La figura de Kérenski ha sido tipificada como la de socialistas no radicales, más tirando al lado de los socialdemócratas pero quedando como el puente entre la socialdemocracia con el comunismo. Kérenski quedó como el político ambicioso de poder que abrió el camino a Lenin.

La gran propuesta de Sánchez en España fue la formación de una coalición transversal con las izquierdas, sobre todo Izquierda Unida (Partido Comunista de España) y Podemos (los profesores de ciencia política que manejan el marxismo), seguidos de una larga lista de pequeñas agrupaciones radicales de izquierda que suman más bien membretes que fuerzas reales. Y con ciertos mecanismos de contención, también participarían algunas agrupaciones independentistas.

Como se perfilaba la gran coalición, el PSOE aparecería al frente de la propuesta de gobierno y seguido de los aliados. En 1917 Kérenski había armado una coalición socialdemócrata con socialistas moderados pero al final de cuentas inevitablemente hacia la radicalización. Lenin entendió la imposibilidad de gobernar con una coalición ingobernable y dio el salto al poder aprovechando el espacio dejado por Kérenski.

La clave de la propuesta de Sánchez radicaba en la alianza PSOE-Unidos Podemos, con Ciudadanos como colchón estabilizador. La clave estaba en la participación de Unidos Podemos (IU y Podemos), una coalición de grupos de izquierda socialista no socialdemócrata. Los discursos de campaña de Podemos para las elecciones del 26-J eran socialistas, de impuestos a los ricos y de construcción de un Estado de bienestar.

El escenario ideológico de España cambió con la irrupción de Podemos y el reforzamiento con IU (ex PCE). La opción socialista dinamizó una sociedad afectada por la estabilización neoliberal macroeconómica a través de recorte de gasto y de sacrificio salarial. En situaciones similares en otras sociedades (México entre ellas), el modelo estabilizador fue diluyendo la existencia de una clase media como cámara de despresurización de la izquierda socialista-comunista. Al perder sus referentes de bienestar, la clase media entró en una fase de proletarización de nivel de vida aunque sin conciencia proletaria.

La propuesta de Sánchez recordó, en este escenario, los últimos días del sistema político zarista de Rusia y la forma en que Kérenski y su alianza con comunistas moderados abrió la puerta a los socialistas radicales. Algunos electores vieron este escenario con anticipación, dejaron entrever en las encuestas que votarían por Podemos como la nueva izquierda socialista y la colocaron como la segunda fuerza con posibilidad de ser la primera. El resultado electoral fue diferente: el voto convencional le dio la victoria al PP, posicionó al PSOE como fuerza socialdemócrata en segundo lugar y mandó a Unidos Podemos al tercer sitio.

La diferencia entre las tendencias dibujadas por las encuestas y el resultado final en urnas quedó como una llamada de atención del electorado hacia las ofertas partidistas convencionales. A pesar de su derrota y de su pérdida de votos, Unidos Podemos subió de 69 a 71 diputados en las elecciones de diciembre de 2015 y junio 2016. El reposicionamiento de Podemos --y más con su alianza con IU-ex PCE-- implica una fractura clara en el espectro de la izquierda socialista que antes dominaba el PSOE. El espacio del marxismo en España quedó en el vacío desde el congreso extraordinario del PSOE de 1979 en el que abandonó el marxismo como tesis, aunque lo mantuvo --en estado catatónico-- como método de análisis. En ese periodo, España se sumó a Europa y ahora domina el pensamiento estabilizador neoliberal en la UE cuya propuesta principal coloca el déficit presupuestal y la inflación por encima de las tasas de marginación y pobreza.

El mensaje del reposicionamiento de Podemos y ahora con IU-ex PCE debe ser asumido como una forma de regreso del pensamiento marxista en tiempos de crisis del socialismo-socialdemocracia. Pablo Iglesias nunca escondió su pensamiento marxista, aunque lo adecuó a las circunstancias de España. Pero en el fondo, aún en tercer sitio, Podemos-IU-ex PCE se colocaron como la principal fuerza de izquierda socialista en España. Unas terceras elecciones podrían confirmar la tendencia de agotamiento histórico de la socialdemocracia del PSOE. De ahí que alguna alianza PSOE-Unidos Podemos habría de fortalecer al socialismo marxista bajo la conducción de la socialdemocracia.

Por lo demás, el regreso del socialismo marxista no parece ser similar al soviético o al cubano ni al chino con sus tendencias capitalistas. El pensamiento de Iglesias se sostiene por un Estado promotor del bienestar, sin lucha de clases aunque sí con un Estado fiscal enérgico con la acumulación de la riqueza. La dinámica de las primarias en los EE.UU. no le permitió a Bernie Sanders ser más explícito con su propuesta de “socialismo democrático” pero se pudo entender un socialismo conducido por el Estado para combatir fiscalmente la acumulación de la riqueza en pocas manos.

Aunque la alianza PSOE-Unidos Podemos no salió, de todos modos dejó el mensaje del regreso del socialismo marxista.

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