Opinión

El ciudadano contra los poderes

TRIBUNA

Juan José Laborda | Viernes 14 de octubre de 2016

El ciudadano contra los poderes” es el título en castellano de una recopilación de artículos periodísticos de Émile Auguste Chartier (1868-1951), conocido por Alain, que la editorial Tecnos acaba de publicar, con un estimulante estudio preliminar de Eloy García, un profesor de Derecho Constitucional y director de la colección de esa editorial, “Clásicos del pensamiento”.

Alain, un agregado de liceo, algo así como un catedrático de enseñanzas medias, comenzó a publicar en la prensa de provincias unas columnas que firmaba con ese nombre, y que él rotularía como “Propos” (creando en lengua francesa el significado singular que obtuvieron los “éssais” o “ensayos” de Montaigne).

Alain fue un docente magnifico y magnético, comprometido con la objetividad de sus saberes humanísticos, al que el affaire Dreyfus, la injusta condena por traición de un oficial francés de origen hebreo, lanzó a escribir con ese sobrenombre, en principio, para separar la neutralidad profesional del profesor Chartier, de la pluma crítica del articulista Alain.

Pero después, Alain, la voz más influyente moralmente en la Francia de la III República, se sobrepuso a su condición de funcionario neutral, y fue entonces cuando él formularía conceptos básicos para la política en un Estado democrático: el compromiso (engagement) con las leyes y los valores cívicos -en su caso, republicanos-, permite superar la escisión del profesor equidistante en política, con el escritor que debe cambiar su apellido para criticar las malas acciones de las autoridades estatales. Y la superación de esa escisión, la unificación de profesión con la conciencia moral, se logra cuando la persona se siente y actúa como “Ciudadano”, y éste tendrá siempre la difícil obligación, pero en democracia absolutamente necesaria, de ejercer todas las libertades, y en primer lugar, la responsabilidad de ejercer la crítica a todos los poderes, los institucionales, y también los poderes externos (que yo he llamado “opacos”, como los económicos-mediáticos).

Ese es el valor del estudio preliminar que escribe Eloy García. El profesor Eloy García está poniendo a la disposición de un lector preocupado por la deriva -son sus palabras en un título de este estudio- “de la democracia en el siglo XXI: (para) preservar la política en una sociedad de masas culturalmente pasiva”, unas obras de autores como Guglielmo Ferrero o Benjamin Constant, que al igual que Alain, en momentos igualmente difíciles, supieron vislumbrar cuáles eran los factores de futuro que surgían a la vez que se hundían, con la crisis,los restantes factores en el agujero de la historia.

El libro de Alain contiene certidumbres de futuro que debieran servir para desarrollar nuestras democracias en esta era de globalización y de poderes opacos desmoralizantes.

El profesor Eloy García no se contenta con ofrecernos ejemplos literarios de autores consagrados de escritores democráticos, sino que ha hecho el esfuerzo de conjugar los valores republicanos con los de nuestra Constitución, en un ensayo suyo, titulado: “El Rey neutral. La plausibilidad de una lectura democrática del artículo 56.1 de la Constitución” (2014).

Y desde estas urgencias del presente, el libro de Alain, y el estudio de Eloy García, ofrecen pistas y salidas a nuestra desorientación democrática.

Alain influenció a muchos grandes “éveilleurs”, “inductores de conciencias”, como fueron sus alumnos y sus primeros lectores, tal que André Maurois, Georges Canguilhem, Maurice Schumann, Simone Weil, Jean Hyppolite, Raymond Aron o Jean Paul Sartre, etc.

Todos ellos, desde distintas actitudes políticas e intelectuales, siguieron el surco que Alain abrió por primera vez, y que se refería a la necesaria virtud del ciudadano para impedir que las democracias fuesen vaciadas de sus contenidos auténticos por la acción corrosiva de la pasividad de la población, y de la acción oscura de los poderes externos a las democracias.

Esa conciencia vigilante, comprometida con la salud democrática, se extendió más allá de la III República Francesa, siendo el “radicalismo” de Alain la fuente del comportamiento civil de personalidades como Manuel Azaña, Fernando de los Ríos, Clara Campoamor, en España, y de otros líderes en Europa y América, desde entonces.

Hoy se exige que se produzca una “renovación” en la política en todas las democracias atlánticas, además de en España. Renovar es volver nuevo lo que se quedó viejo. Los escritos de Alain, y el comportamiento comprometido con causas elevadas, coherente con un estilo de vida austero y tolerante, que tuvieron aquellos líderes sociales, como Campoamor, De los Ríos y Azaña, nos señalan el camino si queremos encontrar el que nos lleva hoy a la paz y a la libertad.

Alain nos indica cómo lograrlo. Desde luego, se necesita un tipo de ciudadano comprometido y cumplidor con la ley. El compromiso con los partidos políticos es esencial, pero éstos deben estar permanentemente vigilantes con los dos males característicos de las democracias: la corrupción y la falta de ideas. Entonces avanza la demagogia y la dominación de los poderes ocultos. Como señala Eloy García, tanto en Alain, como en Ferrero o Constant, todos ellos lectores del Maquiavelo defensor de los gobiernos republicanos, en los sistemas democráticos, cuando esos dos males se hacen presentes, en ese momento histórico, la política cede o es anulada por un juego de poderes o dominaciones que anulan la democracia, y los derechos esenciales de los ciudadanos. La lucha por conservar el poder, desplaza a la política, como ocurre ahora en España.

Un comentario a las muchas páginas que Alain dedica a la educación. Son sus palabras: “Comprendo que el arte de persuadir difiere fundamentalmente del arte de argumentar”. ¿No es una llamada a todos los partidos políticos españoles a que dejen su estúpida práctica de confundir el debate con el recitado del “argumentario”? Y en cuanto a la formación política de los militantes socialistas: desde 1990, con “Programa 2000”, el PSOE ha abdicado de su función de difundir los conocimientos necesarios para unos ciudadanos comprometidos. Leamos a Alain.