Lunes 17 de octubre de 2016
Miquel Iceta era reelegido este pasado fin de semana como secretario general del PSC, imponiéndose a la candidatura de Nuria Parlón. En realidad, poco importaba el resultado, por cuanto ambos candidatos defendían prácticamente lo mismo: negativa frontal a cualquier tipo de entendimiento con el PP, apoyo de una “consulta” equiparable al derecho a decidir y divorcio total del PSOE en lo que a unidad de acción y disciplina de voto se refiere.
Al menos, Nuria Parlón reconocía una realidad que hasta ahora ninguno de sus compañeros de partido se atrevía a nombrar: el PSC ya no es un partido de gobierno. Lo fue, llegando a gobernar en Cataluña tras imponerse a la todopoderosa CiU; dato éste revelador de la pujanza que tuvo el socialismo catalán.
Sin embargo, nada de eso queda ya. El acercamiento a posiciones nacionalistas por parte de sus respectivos líderes -auspiciado desde Madrid por José Luis Rodríguez Zapatero- ha sido inversamente proporcional a la desbandada de militantes y simpatizantes. Hay un sector importante del electorado catalán huérfano de representación, por líneas de actuación como la de Iceta: indefinición del modelo territorial, excesiva complacencia con el nacionalismo, escaso respeto por la legalidad vigente y un distanciamiento cada vez mayor con los socialistas del resto de España. Así las cosas, el problema del PSOE en Cataluña seguirá teniendo el mismo nombre: PSC.
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