Opinión

La lógica de las contradicciones del PSOE

TRIBUNA

Juan José Laborda | Jueves 27 de octubre de 2016

Allá por los años setenta, debido a la lengua de madera que cultivábamos con áridas lecturas estructuralistas, decíamos mucho aquello de que “iban a explotar las contradicciones”. Con ello estábamos queriendo decir que lo que era ilógico, tarde o temprano se manifestaba en la realidad física o material en forma de hechos imprevistos, además de absurdos y normalmente destructivos.

Algo de esto le ocurre al PSOE en estos días. Le están “explotando las contradicciones”, y eso es serio, no sólo porque el PSOE no es un partido más, que no se le podrá sustituir fácilmente, sino porque su mala suerte va a arrastrar también al otro partido de gobierno, el PP, y si esa situación se produce, el sistema político se tambaleará, y entraremos en una fase de mutación constitucional, que no augura nada bueno para ésta y para cualquier sociedad democrática.

Le han explotado las contradicciones porque el PSOE lleva demasiado tiempo actuando de manera ilógica. La prolongada ausencia de debate en su interior, quizá sea la causa mayor. El debate ha sido sustituido por el“argumentario” (un mal remedo de un guión recitado por actores muy vistos), bien sea Mariano Rajoy, negándose al debate de investidura ¡porque lo perdía!, o sean los miembros del Comité Federal socialista, callados durante diez meses, esperando a que Sánchez se abrasase él solo proponiendo la abstención, que era la única decisión lógica.

Es ilógico quererlo todo a la vez, aunque ese deseo sea contradictorio. Desde hace años vengo escribiendo que tener un partido disciplinado -ese “grupo duro como el acero” del que nos hablaron veteranos como Ramón Rubial-, no es posible con un partido que elige con voto directo de sus afiliados a sus dirigentes orgánicos y a los líderes institucionales.

Cuando cada uno de los elegidos por ese sistema -sea candidato o lo sea como presidente de los diversos gobiernos y de las alcaldías-, obtiene la legitimidad de su correspondiente espacio político-electoral, entonces no atenderáfácilmente a las opiniones e instrucciones de los órganos partidarios diferentes de los que él mismo domina. Eso viene dándose en algo tan importante como las alianzas de los distintos PSOE de las Regiones y Nacionalidades: así, en unos lugares se pacta con Podemos, en otros con Ciudadanos, y en algunos ayuntamientos, hay alcaldes socialistas con apoyos de partidos contrarios a las leyes constitucionales.

Hace no tanto tiempo, invocar que “eso es la opinión del partido” era suficiente para que renunciáramos a cualquier decisión o postura local o regional, porque siempre prevalecía el criterio del órgano nacional o federal, en otras palabras (de aquel tiempo), porque “la opinión del partido” procedía de una legitimidad única, la del Congreso Federal o nacional del PSOE.

Aceptabas la decisión federal por disciplina democrática, sabiendo dos cosas: que iba a ser impopular entre el electorado local y los afiliados, y que intentaría cambiarla en el siguiente Congreso, si fuese necesario. Yo pasé por una de esas situaciones, cuando no gané las elecciones en Castilla y León por defender la instalación de un, mal llamado, “cementerio nuclear” en Salamanca, porque así me lo dijeron quienes podían decírmelo en aquel momento, aunque meses después, cuando las elecciones ya habían pasado, yo fui el que anunció, en nombre de aquel gobierno socialista, que el dichoso laboratorio físico (llamado demagógicamente “nuclear”) -un regalo de Europa-, no se instalaría nunca.

El PSC, el partido de los socialistas catalanes, es un ejemplo futurista de esas contradicciones, causadas por lo ilógico de su discurso. El PSC era la federación socialista que más se quejaba de la supeditación a las posturas nacionales del PSOE. El PSC creía que por eso nunca le ganaba las elecciones a Jordi Pujol. Sin embargo, el PSC triunfaba en todas las elecciones a Cortes Generales, incluso doblando en votos a los nacionalistas catalanes. Con Maragall creyeron que la situación cambiaría. Siendo presidente de la Generalidad, Maragall pronunció un famoso discurso que anunció dos cosas: que el nuevo Estatut sustituía a la Constitución, y que el Estado español ya no existía en Cataluña. Era la consecución de una meta, que consistía en superar a Pujol en autogobierno. Algo que no era lógico entre socialistas. A partir de ese momento, el PSC perdió las elecciones en todos los niveles.

Y después el PSC eligió su secretario general por voto directo de los afiliados, lo mismo que el PSOE. Se produjeron entonces múltiples choques de legitimidades: drama que está ocurriendo en estos días.

La pérdida de votos seguirá mientras el PSOE siga la senda del PSC: para ser nacionalista o regionalistas ya están los genuinos, que siempre llegarán más lejos, mientras la imagen de un partido suma de partidos regionales estáproduciendo la imparable pérdida de votos en las elecciones generales.

¿Remedio? Con pesar pienso que el voto directo de los afiliados es irreversible. El secretario general se elegirá de esta manera, y los clásicos comités locales, regionales o Federal perderán pronto sus funciones actuales. ¿Quién controla al dirigente? Como Hamlet, ¡esa es la cuestión! En cuanto a las primarias para candidatos, como los afiliados no son representativos de sus sociedades, las primarias podrían servir si en ellas participaran miles o millones de electores, como en Estados Unidos. Pero entonces el instrumento PSOE cambiará radicalmente. Sería lógico, porque no se puede tenerlo todo a la vez.