Olga González Alonso | Viernes 20 de junio de 2008
Que la especialidad del BNG en la Xunta de Galicia iba a ser la propaganda quedó demostrado nada más pisar moqueta gracias a un batallón de cuñas radiofónicas en las que no se anunciaban nada más que intenciones y filosofía pero que no se cortaban un pelo en vocear que la Vicepresidencia del Gobieno autonómico no era de todos los gallegos, sino de Anxo Quintana. El mismo que tanto se empleó cuando era oposición en acusar al PP de hacer de Galicia su parcela privada y en criticar el supuesto derroche publicitario de los de Fraga.
“La Vicepresidencia de Anxo Quintana”, decían así aquellos anuncios, iba a hacer tanto y cuanto por los mayores, por los dependientes y por los más necesitados. Tres años después, en Galicia las plazas en residencias de la tercera edad o en centros de día siguen siendo escasas y la Ley de Dependencia lleva más retraso en su aplicación que en la mayoría de las comunidades autónomas.
Toca ahora la vivienda. El dueño de la Vicepresidencia de la Xunta según aquellas cuñas tan de coña anuncia estos días que su parte del bipartito xunteiro contempla impulsar 45.000 pisos protegidos en diez años, que en realidad viene a ser un retraso de una década sobre lo que se había comprometido para el período 2005-2009. Soltó Quintana el anuncio, esa nueva declaración de intenciones, acompañado de su consejera de Vivienda, una chica bien, hija de empresario constructor, que decidió un buen día bajar a la arena del populacho nacionalizquierdista a ver cómo era eso y emplearse a fondo en aparentar mano firme sobre el gremio familiar.
Un buen anuncio, sí señor, tal como está el patio de la vivienda. Si no fuera porque han pasado ya tres años desde que ellos mismos prometieran solucionar los problemas de ese patio y conseguir que todos los gallegos pudieran acceder a un lugar digno donde vivir. Promesas que concretaron, para abrir boca, en 7.000 viviendas en alquiler y 25.000 de promoción pública. De las primeras, ni una se ha hecho realidad. Y de las segundas, lo único avanzado se traduce en la licitación de menos de 2.000. Pero ellos, para no perder fuelle, se olvidan de los deberes que se marcaron y anuncian otros nuevos, que lo suyo es vender, aunque sea humo sin embotellar y a esparcir en diez años.
Y, mientras, el suelo en las urbes gallegas se encarece cuando se abarata en el resto de España, Galicia ha pasado a ser una de la comunidades con el precio de la vivienda más bajo a estar entre las que más sube, los gallegos tienen que pagar 200 euros más por la misma hipoteca de hace tres años y los jóvenes tienen muchas más dificultades para acceder a un piso que entonces.
Pero nada de eso importa para la causa de los de Quintana. Porque eso no dejan de ser meros hechos y lo suyo son, ya se ve, los anuncios.