Opinión

Analfabetismo podemita

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 29 de octubre de 2016

España acoge una de las formas más salvajes de eso que los norteamericanos llaman the post-factual world. Podemos es la fuerza política más representativa de esa corriente mundial de carácter totalitario empeñada en rechazar la realidad al precio de cargarse la civilización. Hace tiempo asistimos a un curioso fenómeno que se produce en la vida política: algunos políticos nos tratan de persuadir, de adoctrinar, de dirigir sin tener en cuenta la realidad. Ellos construyen falacias al margen de la vida cotidiana. Son penosas conjeturas. Son ilusiones. Falacias. Pero, por desgracia, funcionan, como en los tiempos más toscos de la humanidad. Cuando se unen los medios de comunicación con tendencias populistas o revolucionarias, entonces tenemos una bomba de relojería contra el sentido común. Ejemplos en España de este vínculo hay a montones. Basta ver la Sexta y escuchar a Carmena y a Iglesias para saber qué es el engaño populista. Cambian de opinión según sus intereses, por ejemplo, la alcaldesa Carmena veía a Madrid hace unos meses como una ciudad pobre y mísera y, hoy, gracias a su mágica gestión la contempla como la mejor ciudad del mundo. Y poco importan las calles llenas de basura y baches, los vecinos de Madrid simplemente no saben apreciar lo bien que está la ciudad. Cosa igual sucede con Pablo Iglesias que pretende convencernos de que la democracia española no será verdadera hasta que él no salga elegido por mayoría absoluta, y sigue agitando a las masas en la calles para que rompan el Parlamento que es, dicho sea de paso, la institución que garantiza la democracia y de la cual él forma parte con otros setenta y tantos diputados de Podemos.

Pero esas muestras de totalitarismo, que no es otra cosa que la imposición de una “falsedad” con todos los medios disponibles, no es sólo un fenómeno español. La reducción de lo complejo a una simpleza repetitiva está divulgada por el mundo entero. Los analistas estadounidenses utilizan el término the post-factual world, para denominar la mentalidad que rechaza los hechos y persiste en una falacia aunque ésta no tenga nada que ver con la realidad. ¿O acaso el fenómeno del trumpismo no es una muestra del populismo más atroz? Donald Trump, quien se ha arruinado con sus exabruptos y amenazas, y quien ahora, cuando las encuestas abren la brecha entre él y Clinton, ha declarado ya que no va a aceptar el resultado de las elecciones si él no saca el resultado que le plazca. Inmejorable estrategia, pero poco democrática: si yo no gano, las elecciones no son “buenas” ni factibles, su resultado no es legítimo, y las instituciones no funcionan, es decir, él se postula como la única salvación.

Hablando de Trump es necesario mencionar a sus aliados internacionales, como el presidente de Ecuador, Rafael Correa, y el presidente ruso Vladimir Putin. Rusia, Venezuela, Ecuador son otros ejemplos grotescos y espantosos del engaño al que se somete a las masas. Rozan el delirio colectivo. Parece que una mentalidad tan criticada como la “caza de las brujas” no ha sido superada del todo y sólo se ha revestido de otra forma. Son constantes las conversaciones donde los Estados Unidos, su gobierno, los banqueros, los judíos, las Naciones Unidas y el Fondo Monetario Internacional son participes de una global conjura que, en 2008, tomó forma de la crisis global. Esta ridícula conjetura en Rusia ha alcanzado rasgos grotescos. Todos los días los medios de comunicación rusos, al servicio de Putin, machacan a los ciudadanos con constantes amenazas de Occidente a Rusia. Amenazas, naturalmente, que no dejan restablecer a Rusia su antiguo poder, o sea, que Rusia no se recupera por las amenazas occidentales. De chiste, pero la gente se lo cree: da igual si el mundo tiene otros problemas para resolver, porque el ruso de a pie vive acosado y acorralado por todos, siempre a la espera del Apocalipsis proclamado desde todos los medios de comunicación… Todo el mundo occidental está conjurado para que Rusia no se recupere y recobre su pasada grandeza… Que un ciudadano ruso tenga que hacer equilibrios para comer a final de mes se asocia con la victoria de Hilary Clinton en particular, y con la conjura de Occidente contra Rusia… Para qué seguir poniendo ejemplos.

En fin, contra esas falacias revolucionarias montadas al margen de la realidad, sólo la política pedagógica basada en el saber histórico puede liberarnos. Eso significa potenciar las instituciones democráticas, por ejemplo, el Parlamento, frente a la basura televisiva y podemita.