Isabel Gómez Acebo | Viernes 20 de junio de 2008
Se ha hablado recientemente de las conversaciones que han tenido algunos miembros del ejecutivo español con el nuncio en Madrid o con responsables del Vaticano en Roma, unas reuniones que se han interpretado como un intento de dejar de lado a la Conferencia Episcopal española por la falta de entendimiento con el gobierno.
Creo que es bueno que refresquemos la memoria para ver quién es quién y donde estamos. Las conferencias episcopales son de nuevo cuño pues nacieron a raíz del Concilio Vaticano II y sus intentos de dar más protagonismo a la periferia y a las bases dentro de la Iglesia. Todos sabemos que muerto Juan XXIII las intenciones de los padres conciliares fueron muy recortadas por la curia vaticana que veía mermado su poder. No pudieron evitar que nacieran estos órganos de gobierno pero los cercenaron al máximo al no traspasarles ningún poder ya que cada obispo es la máxima autoridad en su diócesis y, como cuerpo, la conferencia no tiene ninguna atribución. Una buena muestra de esta falta de interés por apoderarlas es la discusión que se generó en torno a la figura de los nuncios pues algunos consideraban que estaban de más ya que sus funciones podían ser traspasadas a estos nuevos órganos... y no se traspasaron.
El estado español ha firmado sus acuerdos con el Vaticano y mientras éste no delegue sus poderes es el interlocutor válido del gobierno. El cambio puede darse en cualquier momento pues hay sintonía del Papa con los cardenales Rouco y Cañizares pero me parece que no van por ahí los tiros. La curia es mucha curia y no va a dejar que las figuras locales se arroguen un protagonismo que les pertenece.