A pesar de que hubo una campaña para vender la idea de que Donald Trump era un empresario “loco” que había trastocado al Partido Republicano, en realidad fue producto de nuevas estructuras de poder estadunidense afectados por el largo periodo posbélico 1989-2016. Pase lo que pase el 8 de noviembre, esos factores de dominación seguirán vigentes cuando menos en el mediano plazo de cinco años.
Detrás de Trump no existe propiamente un establishment conservador como estructura de poder articulada, sino más bien grupos de influencia económica, social, política e imperial que han sido desplazados desde el gobierno de Bill Clinton. El Partido Republicano se ha ido corriendo al centro como espacio de participación política, aunque sin excluir a los radicales. El espacio de centro como puerta de acceso al gobierno y al poder ha obligado a la construcción de una clase política moralmente conservadora pero no radical.
La campaña de Trump puso en el escenario a los grupos conservadores:
1.- Los republicanos conservadores que reactivó John McCain en el 2008 al tomar como candidata a la vicepresidencia a Sarah Palin.
2.- Los republicanos conservadores tradicionales como Paul Ryan, más centrado en tema de impuestos.
3.- Los grupos aliados a los republicanos por agendas parciales: los cubanos de Florida.
4.- Los empresarios ricos contrarios al aumento de impuestos para financiar políticas sociales.
5.- La comunidad de los servicios de inteligencia, militarismo y seguridad nacional vinculados a la doctrina de la guerra permanente.
6.- Los grupos racista de diversa índole: contra migrantes hispanos, contra afroamericanos y asiáticos, contra indios, entre muchos otros.
7.- El poderoso lobby de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por su nombre en inglés) que en realidad representa el sentimiento estadunidense de armarse para no tener la protección del Estado.
8.- El lobby judío conservador que representa un factor económico dominante en Wall Street.
9.- El Movimiento de Tea Party que se formó en torno al simbolismo de la lucha contra exigencia de pago de impuestos en 1773 y que hoy opera como lobby anti fiscal.
10.- Medios de comunicación conservadores con enorme influencia, como el Washington Times o la cadena Fox.
11.- Intelectuales conservadores que aflojan o aprietan su ideología en función de las posibilidades de ganar espacios.
12.- Grupos de reflexión estratégica que han logrado configurar una propuesta de gobierno conservador, al estilo de la Fundación Heritage que se consolidó durante gobierno de Reagan 1881-1988.
13.- Movimientos contra nuevos derechos sociales como el aborto, el homosexualismo y la seguridad social.
14.- Comunidad de fabricantes de armas que laboran lo mismo con demócratas que con republicanos pero que apoyan más a éstos por su estrategia de consolidación imperial.
15.- Lobby de países árabes contrarios al radicalismo musulmán; estos grupos de poder internacional se han metido a través del financiamiento de fundaciones estadounidenses como la Fundación Clinton.
El problema con los EE.UU. ocurrió después de la caída del Muro de Berlín y de la desaparición del imperio comunista soviético. La ilusión del crecimiento económico en los dos periodos de Clinton ocurrió en las estadísticas porque al final de cuentas los empleos nuevos se crearon en los comercios sin garantías de estabilidad ni de retiro. Bush Jr. se centró en la economía de guerra, pero con contrarreformas financieras de desregulación que llevaron al colapso de las financieras de 2008 por el auge de los bonos basura. El ajuste de Obama durante ocho años apenas pudo reconstruir el crecimiento económico bajo y la oferta de empleos sin estabilidad.
La crisis económica, el terrorismo dentro de las fronteras estadunidenses y el costo militar y el deterioro del dólar debilitaron el consenso interno, sobre todo por un Obama ajeno a la dinámica de las mayorías sociales marginadas que lo impulsaron a la presidencia en el 2008 y el 2012. Y para colmo, Obama rehízo el seguro médico con la oferta de que sería más masivo y más barato pero apenas la semana pasada el premio nobel Paul Krugman reconoció que hubo un encarecimiento alto de las primas que ha dejado fuera de la cobertura a ciudadanos que ya lo tenían.
La crisis social del periodo 1992-2016, tres presidentes de dos periodos de cuatro años cada uno, generaron una sociedad irritada, apanicada por el terrorismo; a ello se ha agregado quizá el peor saldo social negativo de Obama: por su piel de color negra, se esperaba una política social a favor de los afroamericanos; pero al final Obama fue el primer presidente negro de los blancos que se dedicó a salvar a las corporaciones de la crisis del 2008. El verdadero saldo racial está en las calles: una guerra civil de negros contra blancos.
Lo grave de todo es que ni Trump ni Hillary parecen entender la lógica del conflicto social en los EE.UU. y las nuevas responsabilidades internacionales y se han agotado en la defensa de intereses de élites. Los lobbies y los grupos de poder de ambos van a dominar las decisiones y van a condenar al mundo a cuatro años, cuando menos, de mayor inestabilidad y crisis.