Opinión

A propósito de César Bona y la educación

TRIBUNA

Juan José Laborda | Jueves 03 de noviembre de 2016

César Bona (Ainzón, Zaragoza, 1972) es un profesor de educación primaria que ha adquirido prestigio nacional e internacional por sus aportaciones y concepciones en el campo de la pedagogía. Autor de dos libros sobre la enseñanza para los niños, cuyos títulos expresan su intención reformadora -“La nueva educación. Los retos y desafíos de un maestro de hoy” y “Las escuelas que cambian el mundo”-, César Bona ha transformado su plaza docente en un colegio público de Zaragoza en un ejemplo de renovación pedagógica. Dotado de un gran talento para expresarse en público, en un aula con niños, lo mismo que en disertaciones para un auditorio de expertos, este profesor de inglés y de literatura ha sido finalista del “Global Teacher Prize”, un galardón equivalente en la enseñanza al Premio Nobel, por su prestigio, alcance internacional e importe del premio.

Conocí lo que este docente había hecho por noticias de los periódicos, y por testimonios de amigos y familiares interesados por la educación de los niños. Cuando me puse a documentarme en la red informática, saqué dos impresiones contradictorias. La primera, que lo que César Bona representa y supone -la necesidad de adaptar la pedagogía a esta nueva época en que vivimos-, no parece estar en la agenda, o en la “hoja de ruta” (como se dice ahora con lenguaje de invasión o de rally) de nuestros representantes públicos. Después comentaré este punto.

La segunda, que en la red se publican cosas sobre César Bona que sencillamente son prejuicios enfermizamente malévolos. ¿Es que España sigue siendo un país con muchos envidiosos? ¿O es que la hoguera de las vanidades nacional quemará también el prestigio de uno de los pocos ciudadanos que es famoso sin ser un personaje de platós televisivos? Hay una entrada, firmada por un supuesto “docente desconcertado”, en la que éste destila sospechas sobre el “personaje Bona” por el hecho de que empresas como Microsoft, interesadas económicamente por la renovación educativa, apoyen las actividades como “persona” de César Bona, y por si faltara algo más sospechoso aún, que Bona esté en relación con la consejería de educación del Gobierno de Aragón. La entrada se rotula “Desmontando a César Bona”, y en eso se conoce la antigualla teórica y crítica (y autárquica) del “docente desconcertado”.

Volviendo al argumento de que la renovación educativa no parece estar en la agenda inmediata de nuestros representantes públicos, contaré algo que me sucedió cuando, en compañía de otro profesor amigo, hace dos años, tuve una prolongada conversación con un destacado dirigente político, al que teníamos muchas ganas de conocerle y saber de su visión sobre los grandes problemas nacionales.

Recuerdo que le dije que presentar un programa bien trabado sobre la educación, desde la escuela hasta la enseñanza superior, era la manera de ofrecer a los ciudadanos una alternativa que se proyectaría hacia el futuro, y en España, además, comprendiendo a todas las esferas de la acción política, social y económica. En efecto, la educación afecta, obviamente, a la generación que contendrá a los individuos responsables del mañana -“el hoy es el mañana que ayer nos preocupó”-, pero que también se encuentra en el mismo núcleo del Estado, y por lo tanto, es la materia esencial de la política: afecta a las competencias autonómicas, a la función pública, al sindicalismo, a los presupuestos de las instituciones, a los impuestos, a la calidad del idioma que hablamos, a la investigación científica, a la creación artística, al libro y a los diversos medios de transmisión de la cultura, a la autoridad de padres y demás autoridades, a la moral social, a las creencias religiosas, al tipo de ciudadano, a los controles democráticos, a la economía de mercado, etc, en suma, afecta a la civilización de nuestro tiempo.

Nuestro amable contertulio manifestó que era cierto lo que yo le decía, pero que las prioridades para la acción política las dictaban las encuestas de opinión, y éstas no dejaban ningún hueco que no fuesen los dos asuntos estrella, a saber, “la corrupción y Cataluña”.

Era otra vez la confirmación del infausto método de hacer política conocido como “democracia instantánea”. “La corrupción y Cataluña” eran sin duda el “hit parade” de las preocupaciones, ¡o de los gustos!, de la opinión pública española (inducida por la opinión publicada). Ambos asuntos se convertían así en munición para la lucha de todos contra todos. Dos años después, ¿la política ha servido para corregir esos dos problemas? Creo que no; incluso Cataluña está peor; y la desaparición del diálogo y de los acuerdos parlamentarios, dejan esos dos problemas sólo en el ámbito de la Justicia (¡y menos mal!).

La renovación educativa, las propuestas para una nueva escuela de César Bona, no encuentran sitio en las prioridades políticas de este momento. Otra consecuencia del fracaso de nuestros representantes. Y el caso es que las propuestas de una escuela cooperativa apuntan claramente al futuro de la democracia: la democracia será cooperativa o fracasará ante la mayor eficiencia del “autoritarismo con economía de mercado”, un modelo que China extiende por el mundo.

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