Los Candidatos

Trump o el triunfo de la América del odio y el show

ELECCIONES EEUU

B.M.H. | Viernes 04 de noviembre de 2016
El magnate se ha impuesto a todo y a todos para llegar con opciones reales a la recta final de campaña.

Si algo hay que reconocerle a Donald Trump es que ha sabido ponerse el mundo por montera y seguir siendo, de principio a fin, fiel a sí mismo en el fondo y en la forma. Seguramente ese haya sido su principal activo de cara a un electorado harto de una vieja guardia republicana completamente desconectada de la realidad de las clases medias y bajas del país, las más afectadas por la reciente crisis económica.

Ese desazón conservador, con grandes dosis de populismo y el show mediático que siempre han acompañado al candidato conservador, han sido la gasolina perfecta para que un aspirante que apenas contaba con respaldo y credibilidad al comienzo de las primarias se haya convertido en la gran esperanza de esa mitad de Estados Unidos blanca, de derechas y rural que se siente despreciada por ocho años de Barack Obama en la Casa Blanca.

Solo así se explica que un candidato a presidir la primera potencia del planeta se haya valido de insultos, menosprecios, manipulaciones y toda clase de argucias para postularse como primera figura republicana a la Casa Blanca. Pero es que así es Donald Trump, ahora y siempre. El multimillonario, arruinado dos veces por el camino y con miles de acusaciones por acoso laboral y abuso de poder entre sus empleados, se ha jactado siempre de ser la personificación del sueño americano. Trabajo duro y el "tanto tienes, tanto vales" para justificar lo demás.

Sin embargo, Trump es en gran medida fachada por encima de todo. La mayoría de sus propuestas no pueden llevarse a cabo por puro mandato constitucional y las demás por imposibilidad práctica, como la de congelar las cuentas bancarias de 40 millones de inmigrantes hasta que demuestren su situación regular en el país. Pero él es así, prometo a ver si cuela... y cuela.

Tal es la rabia contenida de millones de americanos contra el sistema y contra lo que representa Washington que votarán al que más ilusión, por muy vacío que este sea, les insufle. Trump ha sabido aglutinar todo ese hastío y reconducirlo hacia sus intereses presidenciales. Luego, una vez lograda la Casa Blanca, ya se verá, porque una cosa es hablar y otra hacer, y el magnate es sospechoso habitual de quedarse en la verborrea.

Lo que ya cuenta en su tanteo es haber volteado por completo al Partido Republicano, con cuya cúpula está frontalmente enemistado simplemente por no plegarse a sus designios. Trump se ha llevado a las grandes apuestas de presente y futuro del GOP sin apenas oposición. Por el camino se han quedado nombres como los Ted Cruz, Marco Rubio, Jeb Bush, Chris Christie, Rand Paul, Rick Santorum, John Kasich o Ben Carson. Todos carne de funeral al paso del show del flequillo rubio.

Ahora, en la recta final de campaña, cuando el voto de castigo empezaba a hacerle mella, los escándalos de Clinton aireados por el FBI le han dado renovadas energías y opciones y llega al martes crucial con sus posibilidades. Por ahora va por detrás en intención de voto directo y en recuento electoral, pero si algo ha sabido hacer ver Trump es que sabe navegar contracorriente y cuando la cosa se reduce a una lucha de masas, él está encantado porque sabe que, en esencia, la masa es tonta. Ese es su as en la manga.

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