Opinión

Mitterrand o el amor más allá del poder

TRIBUNA

Pepa Echanove | Sábado 05 de noviembre de 2016

La jornada de trabajo ha sido agotadora. Reuniones con la militancia, visitas institucionales, discursos, encuentros con delegaciones extranjeras, ruedas de prensa y entrevistas con periodistas impertinentes. Entre un aeropuerto y otro, una estación y una sala de espera, el candidato socialista francés, que después sería dos veces Presidente, saca un trozo de papel y escribe una carta de amor. La editorial Gallimard acaba de publicar en un volumen de 1.200 páginas la correspondencia entre François Mitterrand y quien fuera su amante durante más de 30 años, Anne Pingeot. Aparte del valor literario, histórico y político de las ‘Lettres à Anne’ (daremos cuenta detallada del libro próximamente en El Imparcial), la lectura de estas cartas nos acerca al hombre enamorado que se oculta bajo la piel del animal político. ¿Y cómo es, y, más precisamente, qué siente un hombre enamorado, en la cima del poder, en primera línea de la opinión pública y frente de todas las críticas de la oposición, símbolo de la gauche burguesa e intelectual?. Pues nada más humano, bello y honorable que la impaciencia del rencuentro y la irremediable soledad que procura la ausencia. La duda en la distancia y el valor de las pequeñas cosas, de los breves instantes compartidos, a veces fugaces, en este caso prohibidos y moralmente reprochables. Pero el amor es ante todo un acto de generosidad, de constancia y de humildad. Por eso nos engrandece y nos dignifica. Si el poder tuviera también estos valores el mundo iría mucho mejor. Vemos estos días por ejemplo, al candidato Trump, que no da la talla de animal político ni tampoco de hombre enamorado (a no ser que su objeto de deseo sea la silicona y las uñas postizas). Él se queda en la categoría de animal (a secas) o alimaña. Su contrincante Hillary Clinton sí tiene la estatura, la experiencia y el currículum de quien aspira a rey de la selva. Una verdadera leona. Su inteligencia la mantuvo con los dos pies en el suelo mientras una perrita morena se frotaba a cuatro patas contra el pantalón de su marido en el salón oval. El tiempo dirá si nuestro Presidente Rajoy pasará a la historia también con la etiqueta de hombre de estado, de animal político. Celebremos por el momento su constancia y su mansedumbre. Representa la quintaesencia de la terquedad ganadora, la mula necesaria. Probablemente esté también enamorado, pero presiento que leyendo sus SMS a Elvira tampoco se nos pondrían los pelos de punta. Veremos si llega al final de esta legislatura zoológica y un poco decadente, donde los cadáveres van pasando al laboratorio del taxidermista y los recién llegados hacen sus monerías por un puñado de cacahuetes cantando ‘twitt-twitt’. Creeríamos todos más en las bondades de la democracia si algún astuto pajarraco nuestro tuviera la misma pluma literaria, sensible y elevada que Monsieur Mitterrand. ¡Vive l’amour, vive la France!.