Opinión

Adiós al sueño americano

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 09 de noviembre de 2016

Por si éramos pocos, parió la abuela. Ahora llega Trump y se hace con un contrato de inquilinato para ocupar el despacho oval. Lo que faltaba para rematar el planeta. A mí esto no me pilla de sorpresa desde el mismo instante en que Pedro Sánchez se apuntó a la campaña en favor de Hillary. Por si esto fuera poco Miguel Iceta tampoco se quedó atrás y en un arriesgado inglés se marcó un benéfico aleluya a capela en pos de la candidata que ya quisieran los concursantes de OT. Por eso digo que la cosa era de temer a la vista de estos dos supremos de la buena suerte.

Y ahora qué, pues nada que no podamos temer. Menos mal que allí, en Estados Unidos, lo de ser presidente no es como aquí. Allí las instituciones funcionan de otra manera y el Congreso y el Senado están para ajustar cuentas. Ya sabemos que lo nuestro es lo más parecido a una corrala y nada es comparable, de manera que aunque solo sea por eso habrá que confiar y también rezar por el efecto mariposa, pues ya es sabido que si EE.UU estornuda los demás cogemos un pasmo que no nos libra ni la vacuna contra la gripe.

Los estadounidenses han cumplido con su libre voluntad de elegir, por esa razón los demás no somos quienes para juzgar a tantos millones de votantes, aunque antes o después nos vaya a caer la del pulpo. Quizás esto sirva para entender de una vez por todas lo que el populismo viene a significar en versión original. Este gran paso de la humanidad a lo mejor nos devuelve a la época del Cro-Magnon, sinónimo del Homo sapiens, lugar del paleolítico del que nunca deberíamos haber salido. Eso que nos habíamos ahorrado.

En fin, Dios salve a América o God save América, porque hoy todos tenemos motivos para entender lo que significa el tiempo perdido.