Opinión

Vivir más allá de la muerte

TRIBUNA

Emilio Arnao | Viernes 11 de noviembre de 2016

El hombre, a lo largo de la historia, se ha prefijado en su racionalidad o en su espiritualidad el origen de la vida y el misterio del vivir. Para ello, desde los más lejanos tiempos, siempre se ha dado prédica a la posibilidad de la inmortalidad una vez ocurrida la muerte. Las religiones -con su whisky fraudulento, ampararon dicha opción con el sentir de la divinidad, esto es, la infinitud en un paraíso celestial que sólo verdea a partir del sentido de la fe-. Hoy en día la ciencia ha incinerado a Dios, por lo que nos hemos quedado solos, sin esperanzas, muertos en vida, acaecidos en un futuro terror que en la mayoría de la gente causa la absurdidad de la vida, la lactancia del no-ser -tal y como propuso Heidegger- o el cadalso de la perpetuidad desembocada en la mar que es el morir tal y como lo vio Jorge Manrique. Nos causa temor el hecho de morir. Eso es insoslayable. La ciencia ultramoderna conseguirá que dicho espanto se invisibilice por lo que a continuación voy a redactar. Estemos atentos, pues, a lo que el morir puede significar en tiempos de aquí no demasiado lejanos.

Cuando uno muere tiene tres opciones: o que se lo coman los bichos, que se esparzan o no sus cenizas o que -y aquí es donde quería llegar yo- que opte por la criogenización. ¿Qué es la criogenización? Digamos que un concepto moderno y de irrefutable actuación hacia el futuro que permite que dada ya la muerte clínica del ser humano éste sea depositado en un tubo Dewar para aplicar una técnica que permita mantener a un cuerpo legalmente muerto bajo condiciones de cuasi-congelación a fin de que en su momento oportuno -de aquí 50, 80, 100 años, etc.- se pueda reanimar con la esperanza de que se inicie, mediante resucitación, una nueva vida, eliminando -transcurrido el avance de la ciencia y la tecnología, sobre todo la nanotecnología- las causas que causaron su muerte pasada. El objetivo fundamental de la criogenización es preservar el cerebro. Para ello se usa el nitrógeno líquido a temperaturas de casi 200 grados bajo cero. El peligro -de ahí surgen sus detractores- estriba en la posible congelación de las moléculas o las células del cuerpo muerto, por no decir sus tejidos, cerebro, etc.

La primera insinuación de que la vida humana podría ser conservada durante siglos se remonta al año 1773, gracias a la intervención de Benjamin Franklin. Pero hemos de esperar hasta 1962 en que el profesor de física Robert Ettinger propusiera con absoluta convicción -la convicción de la deconstrucción de la muerte- que el hombre pudiera conservarse y aspirar a la vida eterna a través de la congelación del cuerpo. Lo criónico -hasta el momento en todo el mundo hay unas 200 personas crionizadas- abre las puertas a la inmortalidad del cuerpo y por tanto del hombre que, no le quepan las dudas a los lectores, que algún día ello será posible. De momento ya se están dando los primeros pasos, pero como la ciencia y la nanotecnología avanzan más deprisa que el ateísmo de Dios, por lo que de aquí a 30 ó 40 años la criogenización será un hecho convertido en felicísima realidad.

La criogenización adapta a su vez la conservación de la memoria, la personalidad y la vida pasada, pues no tendría sentido renacer cual Ave Fénix sin saber qué es lo que fue uno antes de morir. De modo tal que ya existen instituciones, como Alcor o como Cryonics Institut que están investigando y garantizando este concepto de eternalidad. ¿Y qué haremos con tanta gente en la tierra?, se preguntará el lector. La NASA tiene la solución. La vida en otros planetas. ¿Y el alma? El alma sólo es una cuestión filosófica y moral. Vivir y morir y volver a vivir. Ésas son las tres trenzas del futuro del ser humano. En estos momentos existe un gasto económico abultado para querer ser crionizado, pero con el tiempo no habrá más remedio que facilitar a todo el que quiera el derecho más racionalizado, espiritualizado, poetizado, analizado y descepado que es vivir más allá de la muerte.

No temer a la muerte será entonces como por fin haber encontrado el global, alimenticio, arenal, desoscuro, preñado, película de Kubrick, sentido a la existencia del ser humano.