nueva estrategia
Sábado 21 de junio de 2008
Si hay algo mudable en este mundo son los políticos y los partidos. El Partido Popular no es una excepción y no lo ha sido nunca. Pero también es cierto que desde que José María Aznar tomó las riendas del mismo, cuando se hizo el “viaje al centro”, el partido se ha mantenido unido, al menos en mayor medida que otros, en torno a unas ideas y una estrategia que esencialmente no ha cambiado.
Le fue bien. Tras la derrota, cantada, de 1989 y la inesperada de 1993, Aznar llevó por primera vez al PP al Gobierno en 1996, para revalidar el resultado con mayoría absoluta en 2000. De todas las características del PP aznarino nos interesan ahora las siguientes:
1) Adscripción, bien que moderada, al ideario liberal. La libertad económica y personal y derechos individuales son la base ideológica de los populares. El centro derecha español ya no sería ni la ensalada de ideologías de UCD ni el tardofranquismo reconstituido del primer AP, con los “siete magníficos”. Era ya una opción moderna, en línea con otros grandes partidos europeos. El PP estaba maduro para ganarse la confianza mayoritaria de los españoles.
2) España como idea integradora. Los nacionalismos tienen como estrategia ir siempre un paso más en la desintegración de la idea de España y en la afirmación del poder local, al cual están adheridos como los percebes a las rocas. El socialismo español, que tradicionalmente ha sido españolista, se ha unido estratégicamente al discurso nacionalista. El PP ve en la defensa de la nación española la oportunidad de lanzar un mensaje de igualdad y solidaridad que en él resulta creíble. En lugar de recurrir a la política social para tener esos dos principios de bandera, se envuelve en la de España.
3) La propia afirmación. Una de las características tradicionales de la derecha española ha sido su disposición a pedir perdón por no ser de izquierdas y su búsqueda sin posible término de aceptación moral por las izquierdas. A éstas se les cedió de antemano el monopolio del discurso moral y el de la ideología. Aznar acabó con todo ello, y apostó por que las propias ideas eran mejores, intelectual y moralmente.
4) La lucha contra ETA. En este punto no se diferenciaba, en principio del PSOE, excepto por la convicción de que el Estado es moralmente superior a la banda asesina y por tanto no debe recurrir a la guerra sucia, como hicieron los Gobiernos de Felipe González. Y llevó a cabo esa política desde la convicción de que se podía derrotar policial, ideológica, moral y socialmente a la banda ETA. Estuvieron a punto de lograrlo, pero perdieron las elecciones de 2004.
5) Atlantismo. Transido de los puntos uno, tres y cuatro, es decir, de la ideología liberal-conservadora, la confianza en ella y la lucha contra el terrorismo, Aznar vio en los luctuosos atentados del 11 de septiembre la oportunidad para hacer partícipe a Estados Unidos y a la comunidad internacional la importancia del terrorismo.
Si estos puntos son los que, básicamente, han definido al Partido Popular, ¿en qué ha cambiado en este Congreso? En realidad es difícil decirlo con toda seguridad, porque sus aristas sólo se apuntan. Pero sí hay aspectos que se aprecian con cierta claridad en medio de la niebla.
En primer lugar, este Congreso marca el fin del PP de Aznar. Tanto el equipo directivo como el discurso o la estrategia y la ejecutoria del partido han seguido el legado del líder que le llevó al poder. Mariano Rajoy no es una excepción. Fue Aznar quien lo puso donde está. Pero ello ha acabado. Ahora aparece el verdadero Mariano Rajoy. Ha roto con Aznar y con su equipo, y ha roto con la estrategia. Mariano Rajoy ha roto con los principales aliados mediáticos de ese PP y le quedaba tomar las riendas del partido. Ese es el verdadero significado de este Congreso.
El discurso formalmente se mantiene. Las palabras se repiten, pero parecen movidas más por la inercia que por la convicción. Detrás de este cambio sutil, aunque importante, no está en realidad un abandono de la ideología, sino meramente una postergación.
Porque la nueva estrategia de Mariano Rajoy supone, en realidad, un retorno parcial a aquella derecha descreída, vacilante, insegura y desideologizada anterior a Aznar. No se tiene confianza en una nueva victoria, lograda por las únicas fuerzas del PP y por la conexión de esas ideas con los españoles. Las fuerzas en contra, piensa Rajoy, son demasiado poderosas. Su respuesta es entrar a formar parte del paisaje, aunque haya sido pintado por otros. Esa es una de las críticas de mayor calado del discurso de Aznar. Rajoy cree que la única estrategia de supervivencia consiste en echar lazos a otros partidos, incluidos los nacionalistas. La ideología no se cambia. Sólo se posterga en función de los oportunismos del momento.
Ese es el gran cambio del Partido Popular, operado este soleado fin de semana en Valencia.
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