El Ayuntamiento de Barcelona presentaba este lunes su nuevo Plan de Impulso de la Economía Social y Solidaria, que tendrá un coste de 24,5 millones de euros. Entre las 124 propuestas que incluye esta hoja de ruta, se encuentra la creación de una moneda social virtual alternativa al euro, iniciativa que figuraba en el programa electoral de Barcelona en Comú y que fue tildada por el Banco de España de “indeseable”.
Un total de 24,5 millones de euros son los que ha presupuestado el Ayuntamiento de Barcelona para llevar a la Ciudad Condal una economía “social y solidaria”. El primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, reconocía este lunes en rueda de prensa que la ciudad debe asumir el coste de la innovación: “No hay ningún modelo definido”, declaraba ante la prensa.
Entre las medidas más polémicas está la de poner en circulación una moneda informal, un proyecto, que según explicó el comisario de Economía Cooperativa, Social y Solidaria y Consumo, Jordi Via, está “en fase preliminar”. En 2017 se realizará una prueba preliminar en los barrios del eje del Besòs, y se espera que en 2019 la moneda informal esté en pleno funcionamiento.
Las monedas alternativas suelen proliferar en momentos de las crisis económicas y fomentan el consumo local y la economía colaborativa. Sin embargo, cuentan con detractores. Preguntado por el asunto, el subgobernador del Banco de España, Fernando Restoy, aseguró que se trata de una medida “indeseable”, ya que hay, a su juicio “otras vías más compatibles con el ordenamiento jurídico y económico” para alcanzar los mismos fines.
Sin embargo, parece que en el Ayuntamiento de Barcelona desoyen al regulador, y reafirman su voluntad de convertirse en un referente “internacional” de la “economía social”.
Las monedas alternativas o informales suelen aparecer en los periodos de crisis. Se trata de una especie de ‘vales’ totalmente compatibles con la moneda de curso legal, en este caso el euro. Surgen en comunidades determinadas y se basan en la confianza, ya que pueden ser utilizadas en una red de comercios locales que las admitan como medio de pago. De este modo, se fomenta el comercio de proximidad y la economía colaborativa, según sus partidarios.
Además, no tiene sentido acumular riqueza en este tipo de monedas y, de hecho, se suele contemplar una penalización en caso de que no se usen, un fenómeno conocido como “oxidación”.
En España funcionan unas 70 monedas de este tipo. Algunas de las más conocidas son la pita, con la que se puede adquirir productos en siete pueblos de la mancomunidad del Bajo Andarax, en Almería, la turuta, que funciona en Vilanova i la Gertrú, el boniato en Madrid, el puma sevillano o el zoquito, de Cádiz.
En los pueblos de la Sierra Norte de Madrid, y en el contexto del movimiento del 15M surge la mora como moneda alternativa en 2013.
Entre las ciudades de mayor tamaño en las que hay una moneda alternativa se encuentran Tolouse, donde funciona el SOL-Violette, o Bristol, donde es posible pagar con Brixtol Pounds.