Opinión

Trump y la pedofilia

TRIBUNA

Fernando Muñoz | Viernes 18 de noviembre de 2016

La elección de Donald Trump como presidente de los USA se interpreta como un signo más, aunque especialmente conspicuo, de un profundo cambio de rumbo, de una novedad geopolítica y socioeconómica que viene siendo anunciada desde hace algún tiempo mediante signos menos espectaculares.

Pero esos cambios en el terreno económico-político en nada parecen afectar a un orden más profundo, al que las novedades que se anuncian dejan intacto. La norma en este terreno elemental es la inalterada continuidad de un proceso de infinita “liberación” de la vieja ordenación histórica de las relaciones humanas. Si algo caracteriza la revolución cultural sufrida por el mundo desarrollado desde los años cincuenta es un subjetivismo extremo. Un individualismo que rechaza la tradicional ordenación de las relaciones humanas, no ya en nombre de nuevas pautas de ordenación social, sino “en el nombre de la ilimitada autonomía del deseo individual” (Hobsbawm). Este proceso alcanza, como decía, los elementos de la vida humana hasta el núcleo genético fundamental de la sociabilidad, hasta el lugar del deseo. Es normal que la sexualidad se haya convertido en campo de batalla de las fuerzas que pugnan por la gran emancipación.

Pero el curso de la liberación hace tiempo que alcanzó el elemento antropológico del parentesco dejando en los huesos a la vieja estructura familiar. Por esto es muy notable la reaparición de determinados gestos y formas de argumentación a propósito de conductas cuyo rechazo social sigue siendo masivo, pero cuya defensa se articula una vez más en los ya viejos términos de la lucha por la libertad. Ninguna novedad meramente política significa una interrupción del continuo discurso de la emancipación.

En efecto, la policía, que ha detenido recientemente a 56 hombres por consumir pornografía infantil, alerta de la constitución de una suerte de comunidad que sirve a la protección de sus miembros y contribuye a su representación como clandestinas víctimas de una persecución ilegítima. El Sr. García Pascual – inspector jefe de la Policía Nacional – describe la situación: “Antes se sentían solos y aceptaban recibir tratamiento psicológico”, pero hoy el simple número de pederastas les permite asumir esa conducta como un tipo o hábito social susceptible de justificación y así se alega que a los menores les gusta, o se argumenta que la persecución de esta “tendencia“ sexual puede analogarse a otras orientaciones perseguidas en tiempos, pero hoy reconocidas : “Se nos persigue como en su día a los homosexuales”.

En 2013 un tribunal holandés declaró nula la sentencia que prohibía la formación de asociaciones de pedófilos, a propósito de la disolución previa de la organización Martijn que defiende la legalización de relaciones consentidas entre adultos y menores. El tribunal de Apelación de Arnhem reconocía que el trabajo de estas asociaciones era contrario al orden público, pero que, en cualquier caso, “no existe una amenaza de desintegración de la sociedad”. Puede consultarse en la red la doctrina esgrimida por el llamado movimiento activista pedófilo que aboga por la eliminación de la pedofilia como una parafilia en las nosologías de la Organización Mundial de la Salud o la Asociación de Psiquiatría Americana.

En febrero de este año el ala juvenil del partido liberal sueco defendió la legalización del incesto, entre mayores de quince años, así como la legalización de la necrofilia. Y este último verano el Tribunal Supremo del Canadá autorizó las relaciones sexuales con animales, siempre que no hubiera penetración. Ante esta decisión un hombre – juzgado por agresiones sexuales a sus hijastras y acusado también de bestialismo – fue exonerado de este último cargo. Los luchadores por la defensa de los derechos de los animales claman contra esta decisión que deja inermes a las bestias. El Partido del Amor Fraternal, la Libertad y la Diversidad (PNVD) legalmente presente en las elecciones holandesas pretende la rebaja de la edad de consentimiento sexual a los 12 años, así como la legalización de la posesión de pornografía infantil y la zoofilia.

El proceso, que se remonta más allá del siglo pasado, ha conocido en el siglo XX una creciente radicalidad. Ya en 1926 Gilbert K. Chesterton clamaba contra una nueva herejía consistente en “un ataque a la moralidad y en particular a la moralidad sexual". El peligro elemental contra la ordenación social de las relaciones humanas no vendría, señalaba el maestro inglés, "de algunos socialistas sobrevivientes de la Sociedad Fabiana, sino de la exultante energía vital de los ricos resueltos a divertirse por fin, sin Papismo, ni Puritanismo, ni Socialismo que les contengan". Se trataba de un peligro radical por enraizado en la vida humana a mayor profundidad que la ordenación económica y jurídica de la propiedad.

Esta ideología liberadora, "cuya flor es la lujuria de la carne, la lascivia del ojo y el orgullo de la vida", no ha dejado de pronunciar el discurso de la emancipación, pero apenas queda hoy orden de relación humana del que podamos liberarnos. La conmoción política no tocará esta dimensión fundamental de la existencia humana porque, a su escala, el poder que simboliza el Presidente Trump resulta perfectamente impotente.