Tras dos semanas de reuniones, los cerca de doscientos países que integran la convención de cambio climático de la ONU han acordado ciertos avances en materia de financiación climática, dando continuidad más allá de 2020 al Fondo de Adaptación del Protocolo de Kioto que expiraba ese año y que ahora se incorporará al Acuerdo de París.
Los países ricos se han comprometido, además, a aumentar progresivamente, tras 2020, la cifra de 100.000 millones de dólares que se va a movilizar anualmente para la financiación climática a partir de ese año de fondos públicos y privados.
Estos 100.000 millones de dólares vendrían de fondos públicos (mediante ayuda al desarrollo y otras fuentes de financiación), de fuentes privadas y de otras fuentes, fundamentalmente de los mercados de carbono. Hasta el momento las contribuciones públicas prometidas para esos 100.000 millones de dólares alcanzan casi 70.000 millones.
La adopción de estos acuerdos se han producido al filo de la medianoche en Marrakech en un clima de gran tensión en tanto que el delegado de Bolivia dijo que su país no aceptaba el acuerdo una vez aprobado, y el de India alzó la voz para sumarse a la protesta.
Finalmente, y tras un receso, el acuerdo salió adelante. El texto aprobado da la bienvenida a la entrada en vigor en menos de un año del Acuerdo de París, que a día de hoy ya han ratificado 111 países responsables de casi el 80% de las emisiones mundiales de carbono, y subraya la urgencia de que los países trabajen a nivel nacional para cumplir los objetivos de reducción de emisiones prometidos a partir de 2020.
Las partes de la convención también acuerdan unos calendarios de trabajo para ir concretando las reglas del juego del gran pacto climático, entre ellas los marcos temporales para presentar las contribuciones de reducción de emisiones en el futuro o los procesos de revisión de los mismos.
En su discurso de despedida, el presidente de la COP22, Salahedín Mezuar, agradeció a los países que hayan mantenido el compromiso con la acción en materia de cambio climático, que es en definitiva "una apuesta por el futuro del planeta, por la humanidad y por la dignidad de millones de personas".
El comisario europeo de Acción por el Clima, Miguel Arias Cañete, aseguró que la cumbre de Marrakech "ha enviado un signo fuerte de que los países siguen determinados y comprometidos con el Acuerdo de París", si bien remarcó que el conjunto de reglas que rijan el mismo deben estar concluidas en 2018.
La jefa de cambio climático de la ONU, Patricia Espinosa, dijo que está bien que los negociadores celebren lo acordado pero que el mismo lunes, sin más tardar, "se pongan a trabajar, porque queda mucho por hacer".
De esta manera, la cumbre del clima de Marrakech (COP22) ha abierto una nueva era en las negociaciones internacionales para combatir el cambio climático, en la que se perfilan nuevos liderazgos y alianzas para abanderar la transición hacia una economía baja en carbono que marca el Acuerdo de París.
La reunión de Marrakech ha supuesto una celebración de la entrada en vigor del Acuerdo de París, once meses después de su aprobación, frente a los siete años que tardó el Protocolo de Kioto.
La victoria en las elecciones de Estados Unidos de Donald Trump, quien calificó el cambio climático de "cuento chino" y prometió sacar al país del pacto climático, cayó como un jarro de agua fría durante la primera de las dos semanas de la cumbre, pero paradójicamente ha servido para que todos los países hayan hecho piña para defenderlo.
China, India y hasta Arabia Saudí expresaron que "el Acuerdo de París es un camino de no retorno" y mostraron su determinación de trabajar a nivel nacional para cumplir las promesas hechas en el marco del mismo.
Queda por ver quién asume el liderazgo ejercido en esta materia por el Gobierno Obama si Trump cumple su promesa de salirse el pacto (lo cual demoraría cuatro años) o de la propia convención de cambio climático de la ONU que un presidente republicano, George Bush padre, suscribió hace justo 25 años.
Fuentes de la delegación estadounidense (todavía del equipo de Obama) confirmaron a Efe los "intensos esfuerzos diplomáticos" que se han llevado a cabo estos días para que un Trump ya electo no anunciase la salida del Acuerdo de París mientras uno de sus mayores promotores, el secretario de Estado de EE.UU. John Kerry lo defendía abiertamente en Marrakech.
Durante las últimas horas, el primer ministro de Fiyi, que presidirá la próxima cumbre del clima (COP23), invitó a Trump a esta isla del Pacífico sur para que viera el efecto que está teniendo sobre la misma el aumento del nivel del mar.
"Nadie se va a descolgar del acuerdo como ocurrió con el Protocolo de Kioto, la clave es quién ocupará el espacio de liderazgo que deja Obama", aseguró la directora de Greenpeace Jennifer Morgan, quien, junto a otros expertos, opinó que en la CO22 ha habido indicios de que China y países europeos como Alemania podrían abanderar la transición hacia un desarrollo bajo en carbono.
Lo que sí ha mostrado la COP22 es que la transición hacia un nuevo modelo de desarrollo bajo en carbono está en marcha, y no sólo por parte de los países, sino de regiones, ciudades y grandes empresas, que han presentado acciones, compromisos de financiación y voluntad de compartir conocimiento y soluciones en este proceso.
Cuatro países (Canadá, Alemania, México y Estados Unidos) han registrado en la ONU sus estrategias para descarbonizar su economía a mediados de este siglo y otros 18 anunciaron que ultiman las suyas.
Las casi 50 naciones más vulnerables al cambio climático prometieron usar el 100% de su energía de fuentes renovables "tan pronto como sea posible" y un grupo de países ricos liderados por Alemania presentaron la iniciativa NDC Parnership para ayudar a los países en desarrollo a mitigar el cambio climático.