Opinión

Un gatillazo llamado Sarkozy

POCO A POCO

Borja M. Herraiz | Lunes 21 de noviembre de 2016

Lo que prometía ser un regreso por todo lo alto ha acabado por ser un gatillazo en toda regla. 'Le petit Napoleón' no podrá concurrir a las elecciones presidenciales francesas del próximo mes de abril después de que sus propios afines, y he aquí donde se encuentra el meollo de su último fracaso, hayan optado por François Fillon y Alain Juppé como finalistas para hacerse con el cetro de la derecha gala.

Sarkozy se presentaba a sí mismo en las primarias de la UMP como el gran defensor de la Francia renovada en sus formas pero tradicional en su fondo, de un conservadurismo ambicioso capaz de poner freno a la ultraderecha que lidera Marine Le Pen, al tiempo que daba carpetazo a una legislatura socialista con François Hollande en El Elíseo que ha sumido al país vecino en una depresión estructural y una terrible crisis de identidad.

Sin embargo, el expresidente no ha pasado ni del primer asalto en una más que humillante derrota. Sarkozy no ha podido convencer ni a los suyos de que él es lo que necesita Francia en estos momentos de crecientes desafíos internos y externos. Y es que nunca ha sido una figura del todo confiable, pues sus ansias de notoriedad ensombrecían su labor como político, que aunque con oscurantismos se ha protagonizado más por sus luces.

Ahora queda por ver si 'Sarko', inmerso en una miríada de procesos judiciales por presunta corrupción y abuso de poder, decide dar por finalizada su carrera política, cosa difícil de imaginar, pues su figura está hecha para y por la brega legislativa. En su discurso de derrota lo dejó entrever, pero no es la primera vez que decide salirse de la vía para, al tiempo, reincorporarse a la misma con ambiciones renovadas. Ya en 2012 se tomó dos años alejado de los focos y mírale ahora, de retiro poco o más o menos que forzoso.

Lo que queda claro tras este proceso de primarias en el seno de la UMP es que la derecha francesa clama por cierto aire renovado pero con control. No obstante, Fillon ha sido la mano derecha de Sarkozy durante muchos años y tendría por delante una labor cuanto menos delicada con el auge de los populismos en Europa y del que Francia no ha sido ajeno. El actual alcalde de Burdeos Juppé, por su parte, fue ministro de Defensa, primero, y Asuntos Exteriores, después, del ahora gran derrotado, así que astilla del mismo palo.

Con Hollande haciendo las maletas desde hace meses y cerrando una de las presidencias más inoperantes de la historia gala y la UMP en medio de cruentas guerras intestinas, Le Pen ha encontrado en el solar que hoy es Francia el tablero perfecto en el que jugar sus piezas e intentar el asalto definitivo a El Elíseo. En este sentido, el descontento por la marcha de la economía y el hartazgo con la clase política tradicional (¿les suena?) han azuzado el sentimiento nacionalista.

Sólo una coalición antinatura de socialistas y conservadores en abril parece que podrá poner freno a Le Pen en una segunda vuelta que se antoja inevitable, según los sondeos que se manejan a estas alturas, con cinco meses de margen. De cumplirse los pronósticos, la UMP y el Frente Nacional se verán las caras en un segundo envite, y es aquí donde los socialistas, tercera fuerza de facto en Francia y cada vez más anodina en el Viejo Continente, deberán sumarse al bando conservador si no quieren ver a Le Pen como presidenta.

Sarkozy, mientras tanto, verá toda esta pugna desde su casa parisina, donde ahora espera "levantar más pasiones privadas que públicas", según él mismo afirmaba este domingo. Genio y figura en su egolatría hasta ¿el final? el bueno de Nicolas, eso sin duda.

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