TRIBUNA
Emilio Arnao | Miércoles 23 de noviembre de 2016
Los buitres al alba acostumbran a comer la carroña de los cuerpos muertos. Lo ocurrido con Podemos se puede considerar como un asesinato político. Carlos Bousoño dijo que la vida es una historia muy bella que siempre termina mal. Toda política es una guerra moral y civil que únicamente debe dictar una auditoría sobre el hecho meramente político, pero nunca jamás sobre la existencia aurífera de cualquier persona. Todos los crímenes políticos comienzan con la venganza o con el humo del botafumerio de los equívocos pronósticos de una democracia. Lo sucedido con Podemos al negarse a mantener el homenaje vivo y viviente de un enemigo político se convierte de repente en una suerte de fascismo. Pablo Iglesias ha cometido el gran error de erigir un campo de concentración en relación con la muerte de Rita Barberá. Esta actitud no se la van a perdonar ni incluso los militantes y votantes de un partido que aullaba sobre la justicia social, sobre la solidaridad, sobre el honor público o sobre la carne podrida de las clases más desfavorecidas. ¡Qué tremendo error, pordiós¡ ¡Qué tremendo error¡
Yo tengo escrito un libro que titula “La nueva democracia de Podemos”, en el cual exalto la apertura de una juventud harta de tanta corrupción y de tantas desigualdades entre las distintas clases sociales. Nunca nadie de Podemos hizo caso a mi libro, el cual exaltaba y exalta esta necesidad de regeneración de un país barnizado por la más atenta crueldad de sus dirigentes, sobre todo en lo que tiene que ver con los partidos tradicionales. Creía yo y sigo creyendo que los lemas de Joaquín Costa o Lucas Mallada regresaban como primera necesidad ante el atentado de unos aedos políticos que han sometido durante años a España bajo el yugo de las flechas y el militarismo de la demagogia y el clientelismo, dando como consecuencia el estado de retraso en que ahora nos seguimos encontrando. Sin embargo, no, esto no se hace así. No se puede uno sonreír ni puede hundir el dedo en la llaga de la muerte. Podemos ha levantado con este acto tan deleznable el regreso a una guerra civil. Imagino que, en estos días, tendrán que explicar muy clarito el porqué de la barbarie cometida. Esto no es la política en la que yo creía, sino el hacer de la madera el acero consistente para derrocar al adversario. No sabremos -o quizá sí- si Rita Barberá al final habría sido condenada por financiación ilegal del Partido Popular en el ayuntamiento de Valencia. Pero una cosa es la corrupción y otra la ausencia de bonhomía, de respeto, incluso de llanto ante alguien que no ha sabido mantener el acoso al que ha sido sometido en todos los abecedarios de los cabrones que confunden política con vida humana. Nunca les perdonaré a Podemos este atentado cometido contra la democracia, los derechos humanos y el entierro de las armas de guerra. Iglesias cada vez se parece más a Lenin. Y lo que ha ocurrido con la presunta corrupción de la ex alcaldesa de Valencia me lleva a pensar incluso en el estalinismo. Decía Balzac que en las grandes crisis el corazón se rompe o se endurece. A Rita humanamente le he fallado el miocardio, pero no por ello podemos enviar festivales a las calles, ni siquiera a los parlamentos. Tardará mucho tiempo en que los ciudadanos de Podemos perdonen la actitud de sus sultanes. Una cosa es la cárcel y otra bien distinta la nada, la no existencia, el patíbulo, la muerte como condena.
O los de Podemos pide perdón o de otro modo “La Tempestad” de Shakespeare caerá sobre ellos por el uso de este bisturí de tanatorio hincado sobre la vida posiblemente incorrecta políticamente de un animal atravesado por el pico de los buitres. Pablo Iglesias debería haberse anunciado como médico forense ante la autopsia de una vida que vale tanto como cualquier otra. ¡Dios, qué gran error¡