De aquellos polvos y estos lodos
Para el no iniciado es difícil entender la situación venezolana. Algunos consideran que la llamada Revolución Socialista del Siglo XXI es algo exótico, propio de estas latitudes y de las profundas inequidades en la distribución de ingreso, de las injusticias y la exclusión que han sido características de nuestra historia política. Yo no creo que sea justo decir que la llegada de Chávez al poder haya sido producto de la casualidad o de la mala suerte. En realidad por allá por 1998, cuando gana las elecciones, era posible encontrar una dinámica de deterioro social que justificó que las preferencias electorales corrieran a su favor.
Hugo Chávez llega al poder como resultado del deterioro del Sistema de Conciliación de élites, que había garantizado la estabilidad del Sistema Político Venezolano desde 1958; en medio de una profunda crisis económica y luego de varios años de inestabilidad política. Uno puede dudar del talante democrático de Chávez, muchas de las cosas que hizo, en efecto, contradicen los principios básicos del Régimen Constitucional; pero no hay duda de que se trató de un individuo perfectamente bien dotado para el quehacer político.
La historia evaluará sus actuaciones al frente del poder. Lo cierto es que logró una gran convocatoria de masas que le permitió permanecer en el poder y manipularlo a su favor hasta su muerte en el año 2013. Uno debe decir que su larga gestión presidencial estuvo llena de sobresaltos, intentos de Golpe de Estado, manifestaciones, protestas, conspiraciones, manipulaciones, chantajes y desaciertos. En su afán de permanencia no solo se jugó la vida sino que, además, logró desmontar la lógica institucional que regulaba la vida democrática venezolana. Uno tendría que decir, luego de 18 años de polarización, que los venezolanos vivimos una ruptura del tejido moral. Nuestro sistema contractual está roto.
Esto, junto con la ineficiencia y la corrupción, explica la inestabilidad del sistema político, la disminución de la calidad de vida de los sectores medios, la ampliación de la pobreza y el desorden generalizado que, junto a la suciedad, es fácil encontrar en las calles de cualquier ciudad. Vivimos bajo la lógica de un autoritarismo líquido, de nuevo cuño, que juega con los hilos del poder para mantener el control de la población, reducir la información disponible y disminuir el campo de acción de la oposición.
Una herencia complicada.
La economía venezolana fundamenta su funcionamiento en la renta petrolera. Se trata de una economía dependiente del devenir del mercado internacional del crudo. Así, al Presidente Maduro le tocó tomar el poder en medio de una tendencia a la baja que ha representado una disminución del flujo de caja y la imposibilidad de satisfacer las demandas asociadas a la lógica populista que sirve como control social de los sectores mas desfavorecidos de la población.
En Venezuela existe descontento y hambre. Los venezolanos tenemos que hacer largas colas para comprar los productos de la cesta básica, es eso o caer en manos de los bachaqueros, sujetos inescrupulosos que venden productos en el mercado negro a precios dolarizados. Lo mismo sucede con las medicinas, es común tener que ver a la gente recorrer, una tras otra, todas las farmacias posibles con la finalidad de encontrar un medicamento para la diabetes, la tensión o, simplemente, para comprar anticonceptivos.
En Venezuela no existe un proyecto de país que haya sido discutido ampliamente por la ciudadanía. En realidad uno podría decir que estamos frente a una discusión del pasado con el pasado. Por un lado, el pasado que representa un gobierno que se ha envejecido en el poder, que no ha podido materializar una lógica de diversificación productiva que impacte sobre la economía y el bienestar de la gente y cuya gestión ha deteriorado todo, desde los servicios de salud y educación, hasta la infraestructura. Por otro lado el pasado que representa la MUD que no es más que un acuerdo electoral de carácter instrumental. Que sufre importantes fisuras internas, que tiene dificultades para hablarle a la población más llana, a la Venezuela profunda, que no la entiende.
En realidad nos encontramos con una ruptura de los universos simbólicos desde los cuales se piensa lo político. No existe una unidad identificable acerca de los contenidos del proyecto nacional, lo que implica una ruptura en la lógica de los significados con los cuales los actores políticos se refieren a la cotidianidad. Nos encontramos con una dinámica que implica una ruptura profunda. Esto ha traído como consecuencia la imposición de la desconfianza, el temor, la exclusión y la intolerancia entre los venezolanos de uno y otro bando.
Las imposibilidades de la alquimia.
No se puede convertir el plomo en oro. No basta una reunión entre la MUD y el Gobierno para garantizar la restitución del hilo constitucional, sobre todo cuando la misma termina estando sometida al cuestionamiento de un número importante y creciente de venezolanos. El pasado fin de semana se produjo la reunión inicial de la Mesa de Diálogo establecida entre la Oposición y el Gobierno con la mediación del Vaticano y luego de varios meses de confrontación política.
Hay que decir que el gobierno venezolano actúa con dureza, ha llegado al punto de inhabilitar a la Asamblea Nacional (AN), mayoritariamente opositora; y se ha aferrado con fuerza al poder utilizando para ello mecanismos populistas como la entrega de bolsas de alimento y por miedo de la represión en contra de manifestaciones y marchas de la oposición. Vale la pena destacar, por ejemplo, que la MUD tiene prohibido marchar en Caracas y que en una reciente decisión judicial el Tribunal Supremo de Justicia valida una solicitud de la Procuraduría prohibiendo el Juicio Político en contra de Maduro, que estaba siendo planteado por la AN, así como otras formas de protesta.
No creo en los resultados de diálogo. El gobierno juega con saña y la MUD con ingenuidad. El documento inicial no habla de fecha para elecciones, cambia la calificación de los presos políticos, los denomina detenidos; plantea apoyo mutuo para combatir el sabotaje económico. No se habla de los ciudadanos, ni de su situación particular, de los problemas que la gente confronta como consecuencia de la delincuencia o del desabastecimiento. La agenda de las partes es estrictamente política, se discute sobre las posibilidades futuras de ejercer el poder entre quienes buscan permanecer y los que intentan llegar. El ciudadano no está en la agenda y eso es una perversión. Al final de la historia son los ciudadanos lo que terminan perdiendo el juego.