Opinión

La muerte de Fidel Castro

TRIBUNA

Alejandro San Francisco | Sábado 26 de noviembre de 2016
Este 25 de noviembre se anunció el fallecimiento de Fidel Castro y de inmediato su figura comenzó a tomarse las portadas de la prensa mundial y los comentarios en las redes sociales. La historia de su figura y de la Revolución Cubana han vuelto a ser un tema central de las agencias noticiosas y nos hemos remontado a los diferentes momentos de su vida y a su impacto en la trayectoria de Cuba, de América Latina y del mundo. No es poca cosa.

Fidel Castro fue muchas cosas. De partida, un líder opositor a la dictadura de Fulgencio Batista, un revolucionario vencedor y con gran aceptación en la comunidad internacional y en su país en 1959, representó para muchos la promesa de una sociedad mejor. Pablo Neruda, el poeta comunista chileno, llegó a hablar de Cuba como una expresión viva "del hemisferio oscuro que esperaba por fin una victoria verdadera".

Como contrapartida a las noticias y esperanzas, se inició una de las dictaduras más largas de la historia universal. Pronto se suprimieron las libertades políticas, que no serían restauradas. La promesa de una futura sociedad comunista quedó registrada constitucionalmente en 1976, pero en términos históricos quedó como una simple promesa. La sociedad mejor que se prometió ha tenido que soportar la dura comparación con la realidad, la pobreza generalizada y la incapacidad de avanzar hacia el desarrollo.

Sin embargo, es innegable el impacto que tuvo Fidel Castro en su juventud y en los primeros años de la Revolución. Entre otras cosas, gozaba de las expectativas, del beneficio de la duda y del espíritu de la época. Adicionalmente, tenía la legitimidad de haber logrado la victoria en 1959. Y Castro usaba esta situación como pedagogía y como animación a repetir en otras partes el mismo proceso. Así lo manifestó en una ocasión: "El deber de todo revolucionario es hacer la revolución. Se sabe que en América y en el mundo la revolución vencerá, pero no es de revolucionarios sentarse en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo" (Discurso de Fidel Castro en la Segunda Asamblea Nacional del Pueblo de Cuba, 4 de febrero de 1962).

Rápidamente comenzaron las admiraciones, emulaciones y amistades nacidas al calor de la victoria y en la convicción de representar el futuro de la Humanidad. Desde los más diversos países de América Latina viajaron a Cuba importantes líderes políticos, figuras del mundo de la cultura y tantos otros personajes que querían conocer la experiencia de primera mano, aprender del socialismo ahí donde se realizaba, poder mirar cómo se podía enfrentar al "imperialismo" y constituir así el "primer territorio libre de América Latina".

Solo conociendo ese ambiente se puede intentar comprender el impacto que tuvo su Revolución y su figura. Los admiradores de la dictadura cubana se multiplicaban en todo el mundo, los esfuerzos de explicación de su necesidad a veces lindaban con construcciones intelectuales tan complejas como difíciles de explicar. Todo parecía ser posible, excusable y entendible en el marco del difícil camino a la sociedad mejor. Por otra parte, en el contexto de la Guerra Fría el caso de Cuba era realmente extraordinario, representaba la alternativa, contó con el apoyo de la Unión Soviética y tuvo una efectiva capacidad de difundir su ideario por distintos lugares del continente latinoamericano.

Así lo reconocieron los revolucionarios de diferentes países en la reunión de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), realizada en La Habana en 1967. La organización proclamaba algunas definiciones centrales:

-Que constituye un derecho y un deber de los pueblos de América Latina hacer la revolución (número 1).

-Que los principios del marxismo leninismo orientan al movimiento revolucionario de América Latina (número 4).

-Que la lucha revolucionaria armada constituye la línea fundamental de la Revolución en América Latina (número 5).

-Que la Revolución Cubana como símbolo del triunfo del movimiento revolucionario armado y los países donde se llevan a cabo las acciones revolucionarias armadas, constituyen la vanguardia del movimiento antiimperialista latinoamericano (número 14).

En esa misma ocasión, el dictador clausuró la Primera Conferencia con un discurso marcado por aspectos ideológicos y prácticos. Entre los aspectos más relevantes que mencionó Castro se puede destacar el siguiente: "Este continente trae en su vientre una revolución; tardará más o menos en nacer, tendrá un parto más o menos difícil, pero inevitable. Nosotros no tenemos la menor duda. Habrá victorias, habrá reveses, habrá avances, habrá retrocesos; pero el advenimiento de una nueva era, la victoria de los pueblos frente a la injusticia, frente a la explotación, frente a la oligarquía, frente al imperialismo, cualesquiera que sean los errores de los hombres, cualesquiera que sean las concepciones equivocadas que puedan tratar de entorpecer el camino, es inevitable".

A casi medio siglo de ese encuentro sabemos que la historia marchó por un camino radicalmente diferente. Entre medio América Latina experimentó revoluciones fallidas o medianamente exitosas, casi todos sus países experimentaron golpes de Estado y estuvieron gobernados por militares. Pero, después de décadas, la "era de las revoluciones" y la "era de los generales" dio paso a la era de la democracia, con la cual se clausuró el siglo XX. Así cada año se realizaban elecciones en distintos países, gobernaban nuevos personajes, partidos y coaliciones, había avances y retrocesos. El único país que no cambió, que pareció pegado en la historia, fue precisamente Cuba.

Es que Fidel Castro era un líder decidido, pero también testarudo. Con seguridad hacia 1990 o el 2000 no se mantenía en el poder para anunciar el futuro del socialismo en América Latina, sino que movido por una historia de la cual no podía escapar o simplemente para evitar los costos de la entrega del poder. La dictadura cubana no solo era una dictadura, sino que se presumía irreversible. Incluso cuando tuvo que dejar el liderazgo de Cuba por razones de salud, su hermano Raúl heredó el poder, como en las monarquías o regímenes patrimoniales.

Este 25 de noviembre ha comenzado el fin de la dictadura cubana. El ineluctable peso de la biología logrará lo que no pudo el fin de la Guerra Fría y la tercera ola de democratización. Si hace décadas la esperanza era construir una sociedad distinta, antiimperialista, que organizara y orientara "los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista" (Constitución de Cuba, 1976, artículo 5°), hoy el deseo parece ser más simple y por lo mismo más humano: poder disfrutar de la libertad en tiempo presente, que el pueblo elija a los gobernantes, que haya libertad de prensa y de opinión, que exista democracia, con sus méritos y sus limitaciones.

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