Editorial

Los españoles pagan el bloqueo político

Miércoles 30 de noviembre de 2016
Que estamos ante un nuevo panorama político, no queda duda. Los dos principales partidos suman 222 escaños de 350, y la primacía del PSOE en la izquierda está en entredicho. Pero no han cambiado ni las condiciones económicas de nuestro país y de su entorno, ni han dejado de tener vigencia los compromisos con los socios europeos: asegurar la recuperación económica y controlar, de una vez, el déficit público. En este contexto, Podemos está entregado a su ideología, sin visos de contacto con la realidad, por lo que sólo quedan PSOE, Ciudadanos y Partido Popular para articular una política económica viable.
El PSOE está roto, sin liderazgo ni proyecto. Necesita tiempo para curar sus heridas, reencontrarse, y reconciliarse con su base electoral. Esta situación le condena, pues así lo ven sus propios dirigentes, a sostener al gobierno actual el tiempo necesario para rehacerse. La única forma de hacerlo es contribuyendo a que se aprueben los Presupuestos Generales. Pero el partido teme, a su vez, que cualquier colaboración con el PP sea un argumento mortal en manos de Podemos. Los números le impiden ponerse de perfil en este asunto: Haga lo que haga, su decisión afecta directamente a las cuentas y tendrá claras implicaciones políticas. En la actualidad, todo apunta a que el PSOE contribuirá a la aprobación del techo de gasto, y el PNV podría ser el complemento necesario para los Presupuestos.
Completa el juego político el poder regional. Todos los presidentes autonómicos quieren contar con más dinero que gastar, y ello depende de lo que le permitan hacer las cuentas del reino. Es fundamental, para que el PSOE se sume, que tenga el respaldo de sus barones regionales, cuyo poder en el partido es ahora mayor. Y ello no ocurrirá sin un menor ajuste autonómico. Lo cual deja pocas opciones al Gobierno para la aprobación de las cuentas.
Pocas, pero una de ellas es que los ciudadanos hagan aún mayores aportaciones en forma de impuestos. El Gobierno le ha prometido a la Comisión Europea que cumplirá con los compromisos de déficit. Es una promesa vana, pues jamás ha cumplido con los límites pactados. Pero ya tiene preparado su argumentario, impreso en papel mojado, para cuando acuda a Bruselas: Un nuevo aumento de los impuestos sobre los españoles. El Gobierno modificará el Impuesto de Sociedades y exprimirá los impuestos especiales, y se plantea subir el IVA de algunos sectores, lo que junto con otras medidas supondrá un aumento de los ingresos de entre 7.000 y 8.000 millones. Esas cantidades, sigue la lógica del Ejecutivo, se añadirán a otras del mismo orden procedentes del crecimiento económico. Pero pensar que el crecimiento se mantendrá con una nueva subida de impuestos es ilusorio, y ahí está el ejemplo de 2012 y 2013 para demostrarlo. No es casualidad que la recuperación haya coincidido con un cierto alivio fiscal. No está claro cuánto podrá mantener esta política contradictoria, que apela al crecimiento mientras lo mata con impuestos.