Domingo 04 de diciembre de 2016
El del viernes fue el primer consejo de ministros de relevancia del nuevo Gobierno. El Ejecutivo ha arbitrado varias medidas fiscales en el Impuesto de Sociedades y los impuestos especiales con los cuales dice que tecaudará 5.000 millones más de euros. A ello hay que sumar otros 2.000 millones de euros de lucha contra el fraude, en el que hay que encuadrar la rebaja del poder liberatorio del dinero en efectivo a 1.000 euros. Y, por último, prevé un tímido recorte del gasto de 1.000 millones de euros que más parece fruto de una sesión de maquillaje que materia para una reunión del Gobierno.
Mariano Rajoy ha encontrado en los esquilmados bolsillos de los españoles la vía de escape entre los compromisos con Europa y el necesario apoyo del PSOE, sin el cual los presupuestos no salen. España tiene una estructura administrativa más sobredimensionada aún que ineficaz, y aunque sólo fuera por esa vía podía haber sido más ambicioso en el recorte del peso del Estado sobre los hombros de los españoles.
Un periodista, durante la rueda de prensa en la que el todavía ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, explicaba tales medidas, le preguntó sobre la incoherencia de subir los impuestos cuando su parido había prometido lo contrario. Montoro, con pasmosa desenvoltura, respondió que no había habido tal promesa, pese a que es tan fácil de comprobar como acudir al programa de su partido en las últimas elecciones. El propio Montoro, con el mismo desparpajo con el que ahora lo niega, antes de las elecciones hacía suyas las promesas del PP de rebajar la presión fiscal. Lo hizo, además, asegurando que hacer lo contrario no tenía sentido, pues la recuperación había coincidido, y no era mera coincidencia, con la última rebaja fiscal aprobada por el Gobierno.
Nada aplaca el ánimo del ministro Montoro. Pero las nuevas medidas del Gobierno tienen un efecto recaudatorio incierto y frenarán, en alguna medida, la recuperación. Por eso el cuadro macroeconómico que ha presentado el Ejecutivo, y que acompaña a las medidas, resulta poco verosímil. En definitiva, las medidas contribuirán a aminorar el déficit, pero es difícil precisar en qué medida, y retrasan la reforma del gasto público que España necesita. Es un mal comienzo.