Opinión

El sueño de Fidel

TRIBUNA

Miguel Latouche | Domingo 04 de diciembre de 2016

En 1967 Fidel Castro realizó el primer intento de invadir tierras venezolanas. Se trató de una acción militar que implicó el desembarco de un grupo de militares cubanos que junto a guerrilleros venezolanos tocaron tierra en las playas de Machurucuto, con la finalidad de llegar a los Andes y desde allí desplegarse para entrenar a los diferentes grupos guerrilleros que en aquella época hacían vida en el país. Se trató de una acción fallida que terminó con una victoria del ejército venezolano, la captura de un número importante de los invasores y la consecuente ruptura de las relaciones diplomáticas entre los dos países unos meses después.

No se trataba solamente de una acción que buscase la expansión de la revolución cubana en el resto del continente. Una chispa podía incendiar toda la pradera, diría el viejo Mao. Más que eso se trataba de un intento por acceder a los importantes recursos económicos de Venezuela. Ya en 1959 en una reunión con Rómulo Betancourt, Fidel había manifestado interés en el petróleo venezolano. Le había solicitado al Presidente venezolano la entrega a crédito de crudo para apoyar el proceso revolucionario cubano y su expansión en el continente, a lo cual el gobierno venezolano se negó.

Fidel tuvo que esperar muchos años antes de cumplir con su sueño de acceder a los recursos de crudo que guarda el subsuelo venezolano. No es sino hasta la llegada al poder de Hugo Chávez en 1998 cuando empieza a vislumbrarse una alianza estratégica entre ambos países. Alianza que le permitiría a Cuba salir del periodo especial y que implicó para Venezuela su incorporación al área de influencia de la isla caribeña.

Esto produce una paradoja de difícil comprensión, un caso único en la historia en el cual un país pequeño, empobrecido y con potencialidades de poder reducidas logra imponerse sobre un país más poderoso. Cuba actuó en el caso venezolano con una lógica imperial, influyendo sobre el proceso político venezolano, imponiendo una visión ideológica y redefiniendo los contenidos del Interés Nacional venezolano, controlando recursos, imponiendo puntos de vista y dominando importantes procesos políticos. Sin duda alguna Fidel fue un consejero permanente, tanto para Chávez como para Maduro, hay que considerar, sin embargo, que sus actuaciones buscaban satisfacer sus propios intereses.

Chávez manifestó en muchas oportunidades su admiración por Castro. Llegó a caracterizarlo como su padre político. Juntos asumieron una cruzada anti-capitalista que los llevó a apoyar ideológica y financieramente la ‘vuelta a la izquierda` que vivió la región durante la última década. Cuba se constituyó en la representación espiritual de una vía revolucionaria para los nuevos tiempos, fundamentada en la ruta electoral, mientras que Venezuela, apalancada en recursos provenientes de una dinámica de precios altos en el mercado de crudo, fue, por su parte, el brazo financiero. Fidel y Chávez fueron los grandes predicadores.

Luego del fallido intento de Golpe de Estado del 2002 se producen cuatro procesos en paralelo: a) el incremento de la presencia cubana, b) El endurecimiento del gobierno y la toma de las instituciones democráticas, c) el control estatal sobre la economía y, d) la profundización del populismo y la destrucción, casi a término, de la institucionalidad democrática en Venezuela. Uno podría decir que hay dos Chávez uno previo al 2002 y otro luego de esa fecha. Es claro que Chávez se curtió en esos tres días que mediaron entre su salida del poder y su regreso. Esto incrementó su desconfianza hacia la empresa privada y lo lanzó a los brazos de Fidel.

Todo indica que el proceso venezolano ha sido desde siempre tutelado desde la Habana. Fidel fue el mentor de Chávez y de sus seguidores más importantes, fue, desde el inicio, una fuente de inspiración que se validó en la construcción épica con la que, desde hace años, se había investido la figura de Fidel Castro. No es casual que la decisión sobre la sucesión luego de la muerte de Chávez se tomase en la Habana. En la dinámica imperial que define las relaciones entre Cuba y Venezuela, el centro tiene cosas que decir sobre lo que sucede en la provincia.

En Venezuela Fidel está siendo invocado como si de un héroe nacional se tratase. Es cierto que el Presidente Cubano tuvo siempre un influjo sobre algunos ingenuos. Muchos que ahora se sitúan en la oposición suscribieron un manifiesto a favor de Castro en el cual se le hacían loas y se le reconocía como un líder mundial. Uno podría suponer que muchos de aquellos firmantes se encuentran ahora arrepentidos.

Los medios públicos venezolanos se han dedicado a mostrar las distintas facetas de Fidel. Uno casi podría llegar a pensar que se trata de un super-hombre, de un sujeto excepcional. Sin duda tendría que haberlo sido para mantenerse en el poder durante 60 años, sobrevivir al fin de la Guerra Fría e influir de la manera como lo hizo sobre el proceso político venezolano.

Uno tendría que reconocer que se trataba de un predistigitador de las masas, que logró ponerle la mano al petróleo venezolano, lo que habla de su tenacidad y paciencia; que sobrevivió a sangre y fuego a costa de suprimir las libertades en su país. La historia lo evaluará en su justa medida cuando llegue el momento. Por ahora será suficiente con decir que la muerte, que nunca pierde, nos iguala a todos y es mucho más paciente que el mismísimo Fidel.