Como en años anteriores, el PNV no participará de los actos en homenaje a la Constitución. El fondo sigue siendo el mismo, aunque las formas ahora son algo más llevaderas. Iñigo Urkullu mantiene un discurso bastante más equilibrado que el de sus antecesores -no hay más que recordar los tiempos de Arzallus, Eguíbar o Ibarreche-, y eso hace que resulte más fácil entenderse con su partido.
“No quieran que yo emule a Artur Mas” o “en un mundo globalizado la independencia de Euskadi es muy complicada” son algunas de sus últimas declaraciones, reveladoras de la línea a seguir por el lehendakari. Sin embargo, ni Urkullu ni un nutrido sector del PNV renuncian al carácter excluyente que es consustancial a toda formación nacionalista. En el acuerdo de legislatura suscrito con el PSE se habla de reivindicar “el derecho a decidir”, que es ni más ni menos que el punto de partida de Juntos por el Si en Cataluña.
Urkullu es consciente de lo poco que le interesa -sobre todo desde el punto de vista económico y de imagen- jugar la baza soberanista en este momento. Tampoco renuncie a ella en un futuro más o menos inmediato. Se limita a ver cómo se desarrolla el “asunto catalán”, y espera acontecimientos. Los socialistas ahora tienen el reto de atemperar esta vertiente. Y el gobierno central no debe perder de vista una cuestión que puede reactivarse cuando menos se espere.