Unión Editorial. Madrid, 2016. 188 páginas. 18,72 €.
Por Alfredo Crespo Alcázar
En El salón de los encuentros. Una contribución al debate político del siglo XXI nos hallamos ante una obra cuya declaración de intenciones por parte del autor invita a su lectura: “He tratado de aportar un punto de vista ‘no políticamente correcto’ y que lamento moleste a ciertos profesores de la historiografía progresista española” (p. 23).
Esta afirmación no puede considerarse gratuita, puesto que procede de un doctor en Historia, grado académico que corrobora a largo de todo el libro, estableciendo frecuentes paralelismos entre pasado y presente. A modo de ejemplo esta afirmación: “En 1931, cuando la crisis de la monarquía era patente, ni Cambó ni la Lliga pudieron sostener el régimen y, en los años 30, el catalanismo moderado fue ampliamente rebasado por el nacionalismo radical de Maciá. Por cierto, todo esto recuerda, en alguna medida, al sorpasso de la Esquerra Republicana sobre CiU en la Cataluña actual” (p.90).
Así, aunque la obra escruta el estado actual de España, previamente hace un recorrido cronológico, muy bien ordenado, de algunas etapas fundamentales de nuestra historia reciente, como la Restauración, la Guerra Civil o la dictadura del general Franco. También gozan de espacio determinados acontecimientos trascendentes del siglo XX, como la irrupción de numerosas dictaduras, algunas más duraderas (URSS, Portugal) que otras (Italia, Alemania). Asimismo, el autor desmitifica la II República y, en particular, a algunos de sus referentes, como Manuel Azaña, ya que buscaron la exclusión de la derecha y no su inclusión en el régimen político inaugurado en 1931.
Con todo ello, el objeto de estudio prioritario es la realidad política, económica y social española comprendida entre 2012 y 2015. Al respecto, Gortázar ofrece diagnóstico y propone soluciones. Para ello, alude a algunos hechos constatables como las críticas a la Transición y a la figura de Juan Carlos I que en ningún caso comparte: “El separatismo, la extrema izquierda y los populistas aparecen como una amenaza a la convivencia, a la libertad, a la democracia y a nuestro vínculo con el resto de las naciones democráticas europeas” (p. 29).
Este escenario se ha traducido, por ejemplo, en que en 2015 fueron varios los millones de votantes españoles que se decantaron por partidos políticos nuevos, algunos de los cuales, practicaron un notable mesianismo (es decir, populismo a raudales) que Guillermo Gortázar rechaza. No obstante, hace una matización nada baladí: “El populismo es una enfermedad derivada del deficiente funcionamiento de la democracia, florece en las crisis económicas y cuando las elites políticas se burocratizan y caen en la tecnocracia (Rajoy) o en el infantilismo izquierdista (Zapatero)” (p.165).
La solución a esta suerte de amenaza más real que potencial que se cierne sobre las democracias reside, en lo que a España se refiere, en una regeneración de los partidos políticos. Al respecto, Gortázar prescinde de siglas y afirma que aquéllos se han convertido en maquinarias dominadoras de la vida política (recurriendo a métodos escasamente democráticos), relegando a un lugar marginal a las instituciones y marcando una distancia sideral con la ciudadanía.
Por lo tanto, el autor no se decanta por las soluciones radicales, sino graduales. La respuesta a los problemas de España no pasa en ningún caso por la voladura del edificio institucional trazado en la Transición y simbolizado por la Constitución de 1978. Esta tesis, que permea toda la obra, no convierte a Gortázar en un inmovilista. Por el contrario, rechaza el continuismo y apuesta decididamente por el reformismo, el cual debe partir de una premisa innegociable e incuestionable: valorar los numerosos aspectos positivos que se han derivado de cuarenta años de libertad, democracia y estabilidad.