La victoria de Trump no se entiende sin echarle un vistazo a este movimiento, formidable, de los llamados Alt-Right (Alternative-Right). Uno de sus líderes, Steve Bannon, director de la web de noticias Breitbart ha sido nombrado consejero de presidencia por Trump, uno de los puestos claves de su gobierno.
Vamos a obviar los prejuicios con los que (felizmente) conviven y centrarnos en su ideario.
Su principal objetivo es lo que ellos denominan “el Complejo”, constituido por la suma de élites políticas, medios de comunicación tradicionales a los que se suma la cultura del entretenimiento (Hollywood). Denuncian el pensamiento único y el lenguaje políticamente correcto de la izquierda que obliga al centro-derecha (como tal se definen los pertenecientes a este movimiento) a estar a la defensiva.
Este pensamiento único implica que cualquier debate sobre las identidades -urbanas, añadiría yo- se considera tabú. Así, criticar a los gays, los inmigrantes -en particular los musulmanes- las feministas, los ecologistas y demás subgrupos que integran nuestra sociedad produce una reacción desaforada pues se considera un pecado de una gravedad extrema. Cualquier ataque particular es considerado por la izquierda como un ataque a toda la categoría.
En España no nos libramos de este tipo de actuación, ya casi refleja y, si no, dedíquenle dos minutos a las recientes polémicas sobre la película de Trueba o las declaraciones del Alcalde de Alcorcón, David Pérez.
También se denuncia el viejo principio de la izquierda por la que hay que paliar la necesidad ante todo. De este modo, en el conflicto entre un inmigrante -más necesitado- y un nacional, primará aquél pues la necesidad es la clave, según el tan asentado principio de la izquierda. Este principio, por otra parte y probablemente por el susto que se les ha metido en el cuerpo -que diría un castizo- empieza a hacer aguas entre los laboristas británicos.
La nueva derecha centra sus ataques en lo políticamente correcto y lo hacen desde la burla más desaforada. La verdad es que son bastante divertidos, sus actos son una especie de Rocky Horror Show político no apto para pieles sensibles. Para los que se atrevan, les recomiendo que oigan a Sonnie Johnson o Milo Yiannopoulos, la primera afro-americana y el segundo británico gay y de origen griego (para rizar el rizo).
Creen que la globalización ha tocado techo o fondo. La destrucción de empleo por la deslocalización y las importaciones a precios muy bajos y sospechosas de “dumping”, la inmigración masiva y el hecho contrastado de que las viejas clases medias se han convertido, usando nuestros términos, en mileuristas de por vida son las consecuencias nefastas de la globalización que deben afrontarse.
En cuanto a la inmigración, consideran que hay que valorar si hay espacio suficiente para seguir con la política de puertas abiertas. Denuncian el cosmopolitismo vergonzante de la izquierda y la incapacidad de ésta para defender a sus compatriotas. Ponen el énfasis en prohibir o limitar la inmigración de musulmanes ante la incapacidad de éstos para integrarse en nuestras sociedades. Incluso van más lejos al denunciar algunos intentos que tienen los musulmanes de traer, o hacer aceptables, prácticas que en nuestros países son aberrantes. Ponen especial énfasis en atacar cualquier excepción legal que proteja a estas comunidades.
Se les acusa de racistas y algunos de sus integrantes han hecho alguna proclamación en este sentido. Pero no deja de ser una acusación algo superficial. Defienden el núcleo blanco, cristiano y democrático de la sociedad americana. Una mayoría que se considera, y así lo afirman algunos estudios sociológicos, en situación de desventaja casi como si fueran una minoría aplastada frente a otros grupos sociales. Esta apelación tiene un enorme calado.
Este núcleo de la comunidad estadounidense ha sido especialmente atropellado por las élites políticas, económicas y burocráticas que han hecho un trabajo bastante pobre en la defensa de esta mayoría blanca frente al terrorismo, la estabilidad internacional, la crisis económica o la cohesión nacional. Esta identificación con la mayoría blanca, que se considera en desventaja, es lo que en terminología de Podemos sería la “gente”… De ahí la acusación que se hace de populismo.
Hay una vuelta al patriotismo y al orgullo de vivir en la sociedad más moderna y avanzada del mundo, a la idea de la mujer realizada como madre y ama de casa (no se impone, lógicamente, pero sí se pide el máximo respeto como una forma de realización tan respetable como la profesional), a las diferencias entre géneros y culturas, al deseo y el orgullo de vivir en la mejor sociedad posible y al establecimiento de un solo principio de legalidad que frene la creación de espacios o estándares diferentes en función de la identidad de cada uno.
Creo que muchas ideas de los Alt-Rights pueden tener mucho eco en nuestras sociedades y pueden explicar algunas sorpresas políticas recientes. El error de Hillary Clinton ante este panorama fue incidir más aún en todo lo que los Alt-Rights denuncian. Centró su campaña en aspectos negativos que subrayaron aún más su incapacidad para promover políticas que afronten los problemas e incertidumbres actuales. Creo que la campaña de Trump fue acertada y muy coherente con los postulados de esta nueva derecha.
En conclusión, estamos ante una nueva derecha, estrepitosa y sin complejos, muy poco seria en sus métodos pero muy seria en sus postulados al contrario que los políticos al uso, muy serios o incluso graves en sus métodos, pero percibidos como demasiado indefinidos en sus políticas.