Si un comunista reclama democracia y libertad es porque no tiene el poder. El comunismo demanda libertad como antesala indispensable de la tiranía que implantará cuando llegue al poder. Errejón anda desapoderado y busca empoderarse lanzando manifiestos como Marx. Pide libertades pero preconiza un totalitarismo que es el final de la democracia. Cuando a un comunista en el poder le reclaman libertad, pregunta ¿para qué? Barsov fue un ciudadano soviético que se evadió de la URSS. Permaneció un tiempo en EEUU y un buen día se presentó ante la embajada rusa pidiendo que lo reintegraran a su país. Barsov volvió a Rusia porque no sabía qué hacer con la libertad. El maestro Montanelli apuntaba que la libertad para algunos consiste en escribir informes. Rosenberg, embajador de la URSS en Madrid, asistía en 1936 a los Consejos de Ministros del Gobierno republicano para luego elaborar informes con destino al Kremlin. Zugazagoitia, titular de la cartera de Gobernación, contestaba a unos laboristas ingleses: ¡Qué se le va a hacer! Hemos recibido ayuda de Rusia y, en contrapartida, debemos permitir cosas que no nos gustan.
Un partido de corte y confección estalinista, como Podemos, tiene siempre a sus sastres trabajando a pleno rendimiento. Las discrepancias, esos pequeños flecos que sobresalen y afean el atuendo del monolitismo, se arreglan con un contundente corta y rasga. Quien logra hacerse con el mando elimina a los discrepantes con purgas y depuraciones. “No podemos dejar con vida a esos perros” era la frase preferida de Vichinsky, que actuó como fiscal del pueblo soviético y luego como procurador general de la URSS en más de 10.000 procesos de depuración. Iglesias, campeón de la libertad, pretende el poder total y tomará las medidas necesarias para que nadie pueda desalojarlo de él.En la escuela estalinista se sabe de sobra que discriminar a los hombres de opinión contraria es un primer paso para hacerlos desaparecer. Y eso es totalitario.
No hay forma más perfecta de sumisión que aquella que conserva la apariencia de libertad, advirtió Rousseau. Ese es el vicio inconfesable de Podemos: una democracia sin libertad. Utiliza a su conveniencia las formas democráticas. La libertad la desean pero solo para conquistar el poder. Las elecciones les sirven pero solo como una ruta amplia mientras no pueden escalar el monte por el atajo expeditivo de la revolución. Como partido marxista nunca sustenta ni apoya la democracia sino en cuanto sirve a sus fines. Cuando Iglesias y los suyos se ven contrariados rompen el juego de la convivencia democrática y tratan de imponerse por revueltas y alborotos poniendo en peligro la estabilidad del país. Con la palabra “cosmopolita” se denominaba en la URSS a todo lo que no era rabiosa y fervorosamente estalinista. Errejón y sus camaradas de infortunio son ahora puros cosmopolitas. Pero gracias a los grandes remedios que contra el marxismo tienen las democracias: la libertad y el bienestar generales, no les espera el Gulag, sino la escisión y creación de otro Podemos, tan totalitario como el actual.