Martes 13 de diciembre de 2016
La última ocurrencia de Nicolás Maduro ha sido la de retirar de la circulación los billetes de 100 bolívares, para evitar que “mafias colombianas a sueldo del imperio acumulen mercanías al otro lado de la frontera”. El argumento es tan absurdo y grotesco como la medida en sí misma. Laminar casi la mitad del dinero en efectivo que circula en el país es un disparate mayúsculo que sin duda traerá consecuencias negativas -si cabe, aún más-.
Este verano, Maduro se veía obligado a reabrir la frontera con Colombia que él mismo había cerrado unilateralmente un año atrás- para que los venezolanos que pudiesen fueran a aprovisionarse al país vecino. Volvieron a repetirse las colas a las puertas de las tiendas colombianas que, a diferencia de las de Venezuela, sí estaban surtidas. Sólo el primer fin de semana, se estima que casi 100.000 personas cruzaron de un país a otro, peregrinando en busca de víveres y medicinas. Maduro siempre ha buscado enturbiar las relaciones con Colombia. Le hace falta un “enemigo cercano” -Estados Unidos y España están más lejos- en quien cargar las tintas.
La realidad es clara: los venezolanos no tienen de nada. Todos los que pueden, salen del país. Y si ahora su propio presidente les retira de la circulación la mitad del efectivo de un día para otro, la penuria puede ser todavía mayor. Es tan revelador como indignante el silencio de muchos ante ello.