Opinión

Debemos cuidar nuestra Tierra

TRIBUNA

Alieto Guadagni | Miércoles 14 de diciembre de 2016

El año 2016 no ha sido propicio para la vida en nuestra Tierra, por dos hechos vinculados entre si informados por la NASA. El primero es que 2016 había sido el más año caluroso desde que se llevan registros (1880); la temperatura global ya se ubica 1,20 grados por encima del nivel de la Revolución Industrial de fines del siglo XVIII. Al mismo tiempo, también se nos alertaba que las emisiones de CO2 acumuladas en nuestra atmósfera ya superaban en el 2016 las 402 ppm, es decir un 145 por ciento por encima del nivel de fines del siglo XVIII. Estas dos informaciones ayudan a entender la gravedad de lo que viene ocurriendo en los glaciares, los Andes, los Alpes, el Ártico, los océanos, a lo que debemos agregar la creciente frecuencia de desastres climáticos (sequías, inundaciones, incendios) en todo el planeta. Como ejemplo, señalemos el retroceso en las últimas décadas de los Pirineos, Estas noticias eran ya conocidas en el pasado mes de noviembre, cuando deliberaban en Marrakech 198 países, convocados por Naciones Unidas en la denominada COP 22 para enfrentar el cambio climático.

El consenso científico es hoy claro: las emisiones de CO2 causadas por los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), más la deforestación y algunas prácticas agropecuarias, contribuyen al aumento de la temperatura global. Desde 1973 las emisiones causadas por los combustibles fósiles más que se duplicaron. La anterior reunión de Naciones Unidas, realizada en Paris en 2015, había fijado como meta no cruzar la barrera de un incremento de la temperatura de 2 grados C. Esto exigiría reducir considerablemente las emisiones de los fósiles en los próximos años. Aún no ha concluido la era de estos fósiles, pero ya hemos comenzado a transitar hacia el fin de esta era, nacida con la Revolución Industrial. Los cambios tecnológicos están abaratando las nuevas formas de energías limpias, desplazando de una manera gradual a las energías fósiles. El interrogante es saber si este tránsito hacia las nuevas energías se está haciendo a la velocidad requerida por la preservación de nuestra Tierra. Las emisiones de CO2 por la utilización de energías fósiles no solo están aumentando, sino que la tendencia es que sigan aumentando en el futuro, ya que el desarrollo de las energías limpias aun no es lo suficientemente vigoroso como para abatir la utilización de fósiles. El Departamento de Energía de los Estados Unidos presento el año pasado sus proyecciones hacia el año 2040, que fueron elaboradas después de la Reunión de Naciones Unidas en Paris, con estimaciones sobre el consumo mundial de energía muy preocupantes, ya que nos alertan diciendo que hacia el 2040 las emisiones de gases invernadero por la utilización de fósiles no disminuirá, ya que se estima que en el 2040 estaremos mandando a la atmósfera un 34 por ciento más que ahora de estos gases contaminantes.

Nunca hubo tantas reservas mundiales de combustibles fósiles como hoy, baste decir que las reservas petroleras en 1980 cubrían 30 años de consumo, mientras que la actualidad, a pesar que el consumo de petróleo aumentó, cubren nada menos que 53 años. La utilización plena de estas reservas fósiles, ya contabilizadas en los balances empresarios, no es compatible con la meta de no cruzar la barrera del aumento de 2 grados, fijada en la reunión de Paris de las Naciones Unidas. Si las reservas existentes de fósiles fueran utilizadas totalmente en los próximos años se emitirían más de 2,8 trillones de toneladas de CO2, bien por encima del límite de un trillón consistente con la meta de no superar el límite de 2Cº de aumento de temperatura global. La magnitud de estas reservas plantea un conflicto de intereses, ya que reducir estas emisiones para preservar el clima exigiría no utilizar la mayor parte de las mismas, asumiendo así un considerable quebranto financiero para los propietarios de estas reservas. Desde ya que pretender preservar las rentas de estas reservas fósiles es incompatible con la reducción de las emisiones contaminantes.

No hubo grandes progresos en la reciente reunión de la COP 22 en Marrakech, siendo notorio el impacto negativo en las deliberaciones producidas por la elección del nuevo Presidente de los Estados Unidos, ya que fue difícil no tener presente sus comentarios negativos sobre los esfuerzos para reducir la utilización de combustibles fósiles. Si Trump, con apoyo de un Congreso republicano, paraliza las medidas necesarias para reducir las emisiones contaminantes, se agravará la crisis climática global, debido a que en el futuro no será nada fácil recuperar el tiempo perdido por esta gran irresponsabilidad ambiental.