Editorial

Lección de respeto y libertad de la ministra de Defensa alemana

Viernes 16 de diciembre de 2016

En diplomacia, los detalles protocolarios no solo están milimétricamente medidos, sino que poseen una sustancial relevancia simbólica. Uno de esos gestos diplomáticos de significativa proyección acaba de protagonizarlo la ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen, en su visita oficial a Arabia Saudí al negarse a cubrir su cabello con un velo tal como le instaban las autoridades del país. Ver a una mujer con su pelo rubio al aire entre los mandatarios saudíes ha causado más de un alboroto en una opinión pública acostumbrada a ver en los medios de comunicación a mujeres representantes de países de todo el globo sometidas al dictamen sobre la indumentaria que han de llevar.

Estábamos habituados a contemplar cómo diplomáticas, ministras, empresarias o consortes de dignatarios de todo orden se sometían de buen grado a las imposiciones político-religiosas de estos regímenes, con toda seguridad más por miedo a las represalias de la mentalidad de sus dirigentes que por ninguna simpatía a una consigna sexista. No deja de sorprender que estos jerarcas animen a que en Occidente se realicen reclamaciones de respeto multicultural a los musulmanes, cuando esa tolerancia multicultural brilla por su ausencia allí donde ellos tienen poder. Las exigencias de esta índole serían, sin duda, más efectivas si se acompañasen con el ejemplo en sus propias naciones. Una tolerancia, en todo caso, que debería ser extensiva a toda la población y no solo a ilustres mujeres visitantes del exterior.

Ante todo ello, la ministra Ursula van der Leyen ha afirmado: “Yo no llevo velo”. Y su negativa ha supuesto un difícil reto. Los responsables de la embajada alemana repartieron prendas islámicas tanto a ella como a funcionarias y periodistas que la acompañaban, bajo la presión de las autoridades saudíes. Pero la titular de Defensa fue amable pero tajante: “Respeto por supuesto la cultura y las costumbres de los países a los que viajo, pero en lo referente a la vestimenta hay un límite: yo no me cubro con ningún velo y sí llevo pantalones”. No solo ha aparecido así en todos los actos públicos, sino que ha hecho consideraciones más amplias que las que afectan estrictamente a su propia persona: “No hay que obligar a ninguna mujer de mi delegación a taparse con velos. Elegir su propia ropa es un derecho que asiste igualmente a los hombres y a las mujeres, y me enfada que se les esté presionando en este sentido”.

Dicho esto, funcionarias y periodistas siguieron su ejemplo. Mensaje que no pasará desapercibido para una población femenina sometida a férreos controles. Altos cargos del país están mostrando su malestar por considerar este pequeño pero gran gesto como un insulto. No se dan cuenta de que Ursula von der Leyen, en realidad, les está dando una lección de respeto.