Los populistas de toda laya y condición intentan cubrir sus regímenes de cariz autoritario con ropajes democráticos con el propósito de otorgarles un barniz presentable. Pero no engañan a nadie, pues a las primeras de cambio emplean todo tipo de añagazas y manipulaciones para mantenerse en el poder de manera prácticamente indefinida. Un caso paradigmático es el de Evo Morales, que no quiere privar a su país de las muchas “bondades” que le ha regalado. Empezando, claro está, por aplicar en grado sumo la máxima de que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.
En febrero de este año, al presidente de Bolivia sus compatriotas le dijeron muy claro en un referéndum que rechazaban el cambio constitucional que le permitiese presentarse de nuevo a las elecciones. Ahora se confirma que Morales no solo aceptó de muy mala gana el revés sino que se ha dedicado todo el tiempo a orquestar cómo puede saltarse el veredicto de las urnas. La guinda de la clausura del congreso de su partido, Movimiento al Socialismo (MAS), celebrado este fin de semana ha sido el anuncio de Evo Morales de que se presentara a las elecciones de 2019. Para ello, al MAS se le ha ocurrido varias posibilidades, entre las que se encuentra la que tiene todas las papeletas para ponerse en marcha y lograr que su líder no vea entorpecido su deseo: dejarse de referéndum y hacer que el Parlamento, dominado naturalmente por el MAS, cambie la Constitución.
La manipulación para convertirse en perpetuo habitante del Palacio Quemado no es nueva. Evo Morales ya obvió hace tiempo el cupo máximo de ocho años para ocuparlo, con la argucia de no contabilizar los años en la presidencia anteriores al llamado Estado Plurinacional. Ahora, en el colofón del congreso, un Evo Morales pletórico y desafiante ha proclamado “vamos a seguir derrotando a la derecha”, asegurando que no hay ningún problema “si el pueblo dice vamos con Evo”. Cómo fue con él en el referéndum donde la ciudadanía rechazó la modificación de la Carta Magna para que vuelva a presentarse a los comicios. La limitación de mandatos es una saludable norma, pero causa total alergia a Evo Morales que actúa con la premisa de “el pueblo soy yo”. Y este “pueblo” –según interpretación propia e interesada- desea ardientemente que Evo Morales no se apee del poder.