De C´s todos esperábamos que la defensa de España fuera su principal convicción democrática. Los olvidos, los fracasos y las renuncias del PP, en Cataluña, a la hora de defender el mayor bien político de la democracia, España como nación, tendrían su mejor terapia y curación en el trabajo intelectual e ideológico de C´s para desarrollar un proyecto de nación democrática fundamentado en la Constitución del 78. Eso significaba una acción permanente de educación política en los medios de comunicación por un lado, y un trabajo político y legislativo, por otro lado, en todas las instituciones que tiene representación este partido. El programa era atractivo. Entusiasmaba. Ahí están los millones de votos conseguidos en los distintos procesos electorales a los que concurrió.
Pero, pasado el tiempo, tengo la sensación de que ese proyecto no sólo ha sido evanescente, sino que pudiera estar convirtiéndose en un alevoso ardid para engañar a los españoles de Cataluña y el resto de España. El artificio sigue funcionando, pero cada vez menos personas tienen confianza en la propuesta original. La cosa no tenía truco, cuando comenzó su andadura, pero ahora, después de unos cuantos años funcionando por toda España, todo empieza a parecerse a un inmenso fraude. Las palabras y los hechos de los dirigentes de C´s se convierten en pruebas cotidianas sobre su abandono del principio clave que les dio vida no sólo en Cataluña sino en el resto de la nación española. Y que nadie se confunda, amigos, yo no hablo de ética sino de Política. Estoy escribiendo de algo mucho más difícil y complejo: me refiero a la política de C´s. La ocultación absoluta del principio por el que nació este partido político, la defensa de España como nación, lo hace ocioso, o peor, cómplice de la actual situación de ruptura que vive la nación española.
Podríamos estar asistiendo, si la cosa sigue por ese camino, no sólo al abandono del principio número uno del ideario de C´s, sino también a un doble engaño: en Cataluña y en el resto de España. Quienes defienden España en Cataluña, estarían siendo “aplacados” con posiciones parecidas a la de los catalanistas de Uniò. El asunto es grave, pero es aún más grave el engaño al que se somete a quienes votan a C´s en el resto de España por su defensa de la nación española en Cataluña. Ojalá me equivoque y C´s regrese a su origen. Poco importa ahora preguntarse sobre si esta doble traición será pagada por C´s en las urnas; supongo que aguantarán un poco y la maquinaria del partido seguirá dando de comer a unos cuantos hombres de su dirección. Tampoco importa demasiado sobre si serán más liberales o más socialdemócratas; hoy es un asunto menor ese debate ideológico. Eso, pues, no es relevante. Lo grave es el daño que C´s está haciendo al principio que le dio vida, España, y que seguirá defendiendo retóricamente en los discursos de los días festivos. C´s mata ya, como el PP, de lo que vive. Hay tantos hechos y tantas declaraciones públicas de este partido sobre esa doble traición que aburriría a mis lectores.
En fin, cuando la ruptura de España es el principal problema que tiene nuestra democracia, es menester empezar a buscar responsables de ese fracaso y hallaremos, en primer lugar, a Aznar, porque puso a Rajoy en el poder, al hombre que acepta la perversidad de lo real sin ánimo de cambiarlo, y, en segundo lugar, a quienes, aprovechándose de esa monumental derrota histórica, surgieron como un placebo, un engaño, para ocultar lo evidente: España desaparece como nación. No me extraña que Aznar ande retorciéndose y lamiéndose las heridas, en FAES, y Rivera vendiéndonos el “corredor del Mediterráneo”, en el Congreso de los Diputados, contribuyendo al pancatalanismo sin saberlo (o quizá lo sepa). Estos dos hombres, en sus respectivos niveles, darían pena, si no fuera porque la libertad en sus manos es una ganzúa para violar los cerrojos que dan vida a la democracia: la nación española.